Una casa Sanfernandina, proyecto del famoso arquitecto Andrés Kálnay

Por Martha Allen

La ciudad de San Fernando cuenta con una excelente posición topográfica, dado que se encuentra ubicada sobre una pequeña altura que desciende bruscamente hacia el río Luján -hacia el este-, el cual bordea sus contornos; luego se extiende suavemente hacia la campiña de Pacheco -hacia el oeste-. Sus límites están remarcados por el Canal, que lo separa del Partido de Tigre hacia el norte-, y al sur por la calle Uruguay, línea de separación con el Partido de San Isidro.
Su primer balneario municipal se ubicó en la llamada “Punta Gorda”. La zona se caracteriza por tener un limo secular, que acumulado con las inundaciones del río forman las “marcas”, tierras fertilísimas. Hacia el oeste, estas mismas tierras están compuestas de salitre.
Cuesta creer lo que escribe Hugo Cordero, dando cuenta que recién instalada la ciudad “se efectúan trabajos de emergencia, rellenando algunos pantanos formados durante la época de las lluvias; dando curso a las aguas estancadas y colocando algunos puentes para cruzar la zanja, pero el nivel de las calles, quedaba siempre para más adelante. No faltaban quienes sostenían que resultaban pintorescas las calles con los puentecitos, sus barrancas y sus crecidas, entre sauces y ceibos crecidos al azar”.
Teniendo una superficie de 877, 08 kilómetros cuadrados (incluyendo las islas del Delta), irrumpe allí su característica arquitectura a fines del siglo XIX. A principios del siglo XX, acompañado por la marcha progresista del país, San Fernando crece aceleradamente, levantando innumerables cantidades de edificios comunales, incipientes bancos, escuelas, iglesias, bibliotecas, hospitales y clubes, signos vitales de un crecimiento asombroso.
Asimismo, comienzan a empedrarse las primeras calles. Se plantan árboles y algunas casas de dos pisos comienzan a enseñorearse del lugar. Surgen nuevos estilos que van desde la típica arquitectura inglesa al “art nouveau”, del neoclásico al modernismo, o del “art decó” al ecléctico, configurando todos ellos un mosaico policromo que complementa y exalta la belleza del partido.
No faltan las inmensas residencias sobre las barrancas del río, cuyos moradores disfrutan de la belleza del paisaje y de las brisas que soplaban desde la costa del río Luján.
Muchos de los habitantes llegaban desde la Capital, dispuestos a pasar sus vacaciones y disfrutar de la serena quietud que adornaba esta zona.
Estas mansiones -con sus cocheras y carruajes-, contrastaban con aquellos barrios más alejados que, bajo la influencia inmigratoria -inicialmente italiana y española-, construían sus pequeñas casitas con jardín en el frente y huertas en la parte de atrás para cosechar toda clase de hortalizas y frutas. Tenían hasta gallineros…
Cuando Mar del Plata se popularizó como lugar de veraneo, muchas de estas quintas se lotearon y se transformaron en pequeños terrenos. San Fernando dejó de ser lugar de veraneo para muchos porteños; en forma simultánea surgieron nuevos y numerosos barrios con las comodidades necesarias (calles asfaltadas, luz y agua corriente) como para ser ocupadas de inmediato.
Toda esta amalgama de historia: ciudadanos ilustres y esforzados inmigrantes; mansiones y casas humildes; enormes jardines y pequeñas huertas; calles de tierra y nuevos empedrados, han dado a San Fernando un toque especial que lo ha distinguido como un lugar que merece ser vivido.
Podemos rememorar algunos de estos barrios característicos, como el Barrio “Santa Clara”. Lugar de casas muy bonitas, como si hubiese llegado a ellas el buen gusto y la distinción de la famosa quinta “Leveratto”, que allí se levantaba en la década del ’30 y que fue el origen del barrio, aquella con techumbres de tejas rojas, cercos de hiedra y grandes portones de hierro que llevaban en bronce las iníciales de dicha familia de origen italiano. La entrada de granza estaba festoneada por bancos. Sus árboles seculares, que -atravesando el tiempo- hoy se enseñorean de este barrio sanfernandino. La entrada era imponente: puerta, de doble hoja biselada de cristal donde se intuía un hall deslumbrante de mármol y espejos con una escalera imperial de noble factura.
Nos dedicaremos ahora a una casa muy especial por la forma de su arquitectura, obra del renombrado arquitecto húngaro Andrés Kálnay (1893-1982), con varias obras monumentales en su haber, como la otrora famosa cervecería “Munich” que existiera en la Costanera Sur del Río de la Plata, diseñada en 1927 y restaurada luego por Rodolfo de Lichtenstein, quien conservó intacta su impronta centro-europea.
A esta casa sanfernandina la construye el arquitecto Andrés Kálnay en el año 1929 en la esquina de Alsina (antes San Martín) y Lavalle, a pedido del matrimonio Ramos Mejía-Krausse Armin, siendo uno de los integrantes de este matrimonio -la esposa-hija del notable ingeniero Otto Krausse. Esta casa fue posteriormente comprada por la familia de Eduardo Miller (1899-1971), casado con Alicia Labayru (1901-1986), quienes tuvieron dos hijos: Alcira y Eduardo. Vivieron con su tía Rosa Vitale de Labayru (1901-1986). En la actualidad Alcira (“Beba”) es su dueña.
Fue el señor Miller dueño de dos librerías de renombre, rotariano y socio del Club San Fernando y llegó a ser Comodoro y Presidente de dicho Club, siendo recordado como “yachtman”, ya que amaba el río y fue el dueño de las embarcaciones “Virazón”, “Kaki, Kaki”, “Maggi” y “Avispa”. También brindó su ayuda a la Biblioteca Madero de San Fernando.
En Europa, entre fines del siglo XIX y principios del XX se venían desarrollando distintos estilos arquitectónicos como reacción a la pintura historicista y académica, es decir como reacción a una arquitectura que copiaba estilos y elementos de la típica simetría de los edificios clásicos. Se intentó así realizar una arquitectura más relacionada con el avance de la ciencia y la tecnología (por ejemplo, el uso del hormigón armado que anteriormente no existía). Como consecuencia de dicha búsqueda del cambio surgen distintos movimientos arquitectónicos, tales como: “Modem Style” -proveniente de Gran Bretaña-, “L’Art Nouveau” -proveniente de Francia-, “Judenistil” -proveniente de Alemania-, “Secesión Vienesa” -proveniente de Austria y de Hungría (imperio austro-húngaro)- y “Chicago School” -proveniente de los Estados Unidos de Norteamérica-.
Con respecto al edificio sanfernandino, es indudable que esta obra arquitectónica forma parte de todas estas corrientes europeas en desarrollo, tal es así que esta amalgama se nota en los siguientes detalles:
* Las molduras que decoran la casa.
* Las balaustradas de gran volumen.
* La utilización de ventanas alargadas.
* El uso de vitreaux de colores.
* Las superficies o fachadas articuladas al sacarle elementos cursos a estas últimas.
* Las bolas de concreto como elementos decorativos.
* La terraza con pérgolas.
* La utilización de caños pluviales como efecto decorativo en la fachada.
* La arquitectura maciza.
* La falta de simetría en la planta.
* La aplicación del círculo en la planta como elemento protagónico.
Todos estos elementos demuestran claramente la influencia de la arquitectura europea y denotan la construcción de un arquitecto extranjero -húngaro en este caso-, empapado con los estilos europeos en desarrollo en estos tiempos. Influyen aquí el “Art Nouveau” francés, el “Modern Style” inglés, la “Secesión Vienesa” austro-húngara, el “Judenistil” alemán, la arquitectura checa y el comienzo de la arquitectura moderna de Francia.
A su interior se accede por una escalera de cuatro escalones de mármol beige combinado con negro.
Por dentro, el arquitecto quiso darle un toque acogedor vienés, colocando “boiserie” de madera lustrada de caoba oscura en las paredes de los ambientes más importantes (sala de estar, comedor y escritorio), resaltando sus puertas oscuras con vitreaux coloridos en su parte superior.
En cuanto al volumen en sí podríamos decir lo siguiente:
a) La forma prevalece sobre la función de la casa.
b) El tambor del living actúa como articulación principal para el desarrollo de la casa en planta y en la volumetría exterior.
c) Existe la relación entre la forma exterior del edificio y su función interior.
d) La importancia de generar un buen volumen exterior.
Respecto de las características de la planta podríamos decir lo siguiente:
a) En la planta todo se desarrolla alrededor del tambor del living (por ello el tambor juega un papel principal).
b) No es una planta simétrica.
c) La casa se desarrolla en planta baja y terraza.
Cuesta imaginar todo el crecimiento que se ha producido en esta querida ciudad.
En la década de los ’50  llegan los vidrios blindex y los carteles de luz neón. En el centro comercial comienzan a construirse los comercios, sin interrupción, uno al lado del otro, y se levantan grandes torres de departamentos, dejando detrás de sí a las casas importantes de vecinos muy conocidos, como las del Dr. Arnoldi, del Dr. Alsina, del Dr. Furman, del Sr. Alfredo Giménez Fynn y sus respectivas familias, mientras que otras tienden a desaparecer, como la de la familia Restelli, Barbará, Viaggio, Barone y Risso, entre otras.
El materialismo y el consumismo se adueñaron de nuestra antigua calle Real (hoy Constitución), pero, por suerte, hay casas que aún perduran en toda la superficie de la ciudad, como ésta que hoy les he presentado, de un San Fernando que fue -con su impronta arquitectónica singular- y sigue aún distinguiéndose por ello de las ciudades vecinas.
Fin
Bibliografía
·        Cordero, Héctor Adolfo: “Vida y obra de Don Juan Madero”. Ed. Talleres Gráficos del Pueblo. Martínez, 1955.
·        Cosmelli Ibáñez, José Luis: “Historia de la Cultura Argentina”. Ed. Sebastián de Amorrortu e Hijos. 1996.
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·        Mañá, Jordi: El Diseño Industrial. Ediciones Salvat. España.
·        Portughesi, Paolo: “Después de la Arquitectura Moderna”. Editorial Gustavo Gili, España.
·        Salinas, Carlos: “Album de San Fernando”. 1926.
·        Velarde, Héctor: “Historia de la Arquitectura”. Fondo de Cultura Económica. México. 1978.
·        Revista “Círculo de la Historia” N° 2, Noviembre 1996. Editorial Archivo Histórico del Gran Buenos Aires.