Un hombre, una anécdota. Recuerdos… 1924

Por Serafín G. Girola

Me es grato responder al gentil pedido de la Comisión especial designada para la conmemoración del 47° Aniversario de la existencia del Club San Fernando, con la narración de uno de los tantos episodios que pusieron de relieve las dificultades de los primeros años que debieron encarar los directores de esas épocas, y el ingenio y perseverancia aplicadas con las más nobles intenciones, para cumplir las aspiraciones que constituyen su razón de ser en el ámbito de las actividades deportivas, culturales y sociales.
Para su consecución resultaba de necesidad imperiosa ganar la costa del río Luján a través de la maraña y pajonales que en suelo anegadizo la separaban de la cancha de fútbol del Club Atlético (participé de la fusión de clubes que dieron origen al Club San Fernando). Era imprescindible proceder a la construcción de un importante canal de unos 700 metros y rellenamiento de los terrenos. Los recursos sociales no permitían ni remotamente, encarar una obra de esa magnitud.
Corría el año 1924. Un domingo de verano, D. Mateo M. Kay, D. Francisco Baratta, D. Juan Berretta, D. Roberto Giacobone (Intendente municipal) y el suscripto (en aquel entonces Secretario Municipal), visitaron al Contralmirante D. Remigio Luppo, Director General de Aduanas, que veraneaba en su quinta del arroyo Abra Vieja, y era amigo personal del entonces Presidente, para conseguir el envío de una draga nacional.
Luego, en amena charla explicábamos las ventajas del endicamiento efectuado en su quinta, cuando atraca al muelle una pequeña lancha oficial y. desembarca un marinero que se cuadra y manifiesta al contralmirante que S.E. espera en el Luján, a bordo del “Adhara”.
Acto seguido, el señor Luppo nos dice: “Tienen buena suerte; hoy mismo formularé el pedido. Quedan ustedes en su casa hasta que gusten”.
Y partió con el marino y la nota del Club, la que rápidamente siguió todo el proceso de rigor e informes diversos, hasta llegar para su resolución al Director General de Navegación y Puertos, Ing. Canale, quien la objetó terminantemente por la razón de que una draga nacional no debía realizar trabajos para entidades particulares. Y el mismo Presidente Alvear, a quien se recurrió después, manifestó que lo sentía, pero que el Director de Navegación y Puertos tenía razón.
La Comisión retorna al Club con decepción, pero el temperamento luchador de los mismos y la necesidad por otra parte, hizo que no sólo no abandonaran la idea, sino que realizaran otras y otras gestiones con distintos enfoques… hasta que, una noche el H. Concejo Deliberante de la ciudad sancionó una ordenanza que declaraba “Parque Municipal Intendente Grondona”, a la fracción de tierra que deslinda y que era exactamente la comprendida por el Club San Fernando. Llevaba la aclaración previa de que la resolución no afectaba el patrimonio del Club San Fernando.
Pocos días después, el Intendente Municipal de San Fernando y su Secretario, firmábamos una nota solicitando al Gobierno Nacional una draga para construir un canal en el “Parque Municipal Intendente Grondona” de la ciudad.
Y así llegó la draga 214 C del M.O.P. que efectuó el dragado del primer canal con la condición expresa de facilitársele todo el personal necesario para efectuar los muros de contención del refulado
Y así llegó el Club a “ganar la costa”, que equivalía a ganar la primera batalla para consolidar las bases de la hoy floreciente y extraordinaria institución que honra a la ciudad en el desarrollo y madurez de una misión sana, digna y constructiva, como la soñaron aquellos hombres, sus fundadores.