Los primeros catálogos de la Biblioteca Madero

Por Alberto Octavio Córdoba

Las llamadas bibliotecas populares en nuestro país, tomaron verdadero impulso durante la presidencia de Sarmiento. El 10 de junio de 1870 el Poder Ejecutivo envió a la legislatura un mensaje presentando a su aprobación una ley a efectos de promover las bibliotecas públicas en todo el territorio nacional. La ley fue sancionada 13 días después y se reglamentó el 29 de octubre, creándose una comisión “protectora de bibliotecas populares”.
El primer intento para establecer una biblioteca de esta calidad en la Provincia de Buenos Aires, se había realizado en San Fernando en 1859, pero la iniciativa se malogró. Después de 1870, y hasta 1875, quedaron establecidas l5 bibliotecas; entre ellas la de San Fernando, el 18 de enero de 1874.
¿Qué historiador de San Fernando y cual periódico o diario importante de aquellos años no se ha ocupado, aunque sea una vez de la biblioteca popular ahora llamada Juan Nepomuceno Madero?. Todos ellos lo han hecho, y en especial el erudito estudioso don Héctor Adolfo Cordero.1
Siempre gozó de buena prensa y mejores comentarios la biblioteca de San Fernando, especialmente cuando comenzó la divulgación periódica de sus primeros catálogos o inventarios. Así, por ejemplo, el comentario referido al catálogo bibliográfico de la biblioteca, que publicó el diario La Nación, de Buenos Aires, el 15 de mayo de 1877 bajo el significativo epígrafe de “Digno de Elogio”2
Cuatro años de trabajo pasaron hasta que don Juan N. Madero imprimió, ya con jerarquía morfológica de libro, uno titulado “Biblioteca Popular de San Fernando. Catálogo de libros, cuadros y otros objetos de la biblioteca y museo”3
Respecto de este catálogo, el Anuario bibliográfico de la República Argentina, publicación fundada y dirigida hasta su muerte por Alberto Navarro Viola (1858—1883), anotaba lo siguiente: “Al doctor Amancio Alcorta y al Sr. Juan N. Madero debe el pueblo de San Fernando la existencia de una biblioteca que puede llegar a ser muy importante, siendo desde ya muy útil. En 1873 se formó en ese pueblo, a indicación del Dr. Amancio Alcorta, cuya presidencia cupo al meritorio anciano Sr. Juan N. Madero, sociedad que tenía por objeto la fundación de una biblioteca popular, que se inauguró con 2.632 volúmenes en enero de 1874. Este ensayo feliz de la biblioteca circulante cuenta hoy con 6540 volúmenes, de los cuales 4.142 son encuadernados y el resto a la rústica, habiéndose distribuido a domicilio desde su insta/ación 15.128 libros y asistido 8.387 lectores a los salones donde se halla instalada”.
“La introducción a este catálogo—continúa la nota— indica algunos objetos curiosos del museo anexo a la biblioteca, y transcribe el reglamento del taller de encuadernación, confeccionado por el mismo Sr. Madero y los artículos del reglamento de la biblioteca relativos al préstamo de libros”.
Cumpliendo con su misión de crítico, el articulista decía; “El catálogo está hecho en la peor forma posible: por orden alfabético de títulos, primero los libros en español, luego los libros en francés, en alemán, en inglés, en italiano, en portugués, en danés, en hebreo y en húngaro. Seguidamente del título, formando columnas, va el nombre del autor, pero como el título no está íntegro, y viene muchas veces transpuesto, buscándose la palabra más importante para dar con ella la letra inicial, se hace difícil buscar el libro que se desea. Por lo demás es un catálogo simplificado hasta donde es posible. Termina el catálogo con una lista de los mapas y otros objetos de instrucción, y una nómina de los donantes, calculadas todas las donaciones en dinero”4.
En aquella época Madero tenía 77 años de vida y concurría diariamente a trabajar a la biblioteca. No había especializado sus conocimientos ni estimaba necesario hacerlo. Ya era considerado un filántropo reconocido, y siguió ofreciendo a San Fernando su mensaje cultural sin pretensión alguna, hasta muy avanzada edad. La evocación de su figura y de aquellos primeros catálogos nos retrotrae a una época de trabajos incipientes, no siempre perfectos, pero cumplidos con el entusiasmo y dedicación que hacen crecer las empresas humanas.
1 La educación en San Fernando, 1963
2 Página 1, columna 3
3 Buenos Aires, Imprenta del Porvenir. Defensa 139. l88l XI, 126 pp.
4 Año 1981, pag. 270 – 271,asiento 303.