LOS 25 AÑOS DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE SAN FERNANDO DE BUENA VISTA

“Palabras pronunciadas por el Dr. David Leiva, Presidente del Instituto de Estudios Históricos de San Fernando de Buena Vista, en las Jornadas celebradas en el mes de septiembre de 2010 en el Museo de San Fernando ex quinta Santa Cecilia”

LOS VEINTICINCO AÑOS DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE SAN FERNANDO DE BUENA VISTA

El día 21 de Julio de 1985 quedó formalmente constituido el Instituto de Estudios Históricos de San Fernando de Buena Vista. Fue fundado con el propósito de realizar investigaciones y estudios relativos a la historia de la ciudad y el partido de San Fernando. Casi todos los fundadores nos habíamos conocido en la Junta de Historia Municipal de San Fernando,  que funcionó entre 1982 y 1984. Proyectábamos organizar conferencias, dictar cursos breves,  editar publicaciones, y tratar de conservar la toponimia tradicional del partido. Nuestro Instituto  nació en el Círculo de Obreros Católicos de San Fernando y casi enseguida tuvo su sede en el centenario edificio de la Biblioteca y Museo Popular “Juan N. Madero”, sita en la calle Constitución 622, donde todavía sesiona.

Después de 25 años,  Dios ha querido que fuera  yo el único sobreviviente del núcleo fundador del Instituto, y que pueda venir a ofrecerle el fruto del esfuerzo de los que hoy lo integramos.  Personalmente,  siento que también  nos acompañan nuestros  miembros fallecidos. Apoyado solamente en mi memoria, rescato el recuerdo  de Horacio Ambrosoni, inteligente y activo, capaz de concebir y de impulsar a la vez numerosísimas iniciativas; de   Enrique Burone Risso,  testigo de una época dorada y protagonista de infinitas anécdotas,  que supo volcar en sus libros; de  Alfredo C. Cogorno, hombre de la cultura, profesor de generaciones de sanfernandinos, comprometido hasta el último día con la búsqueda del bien común; de  Héctor Adolfo Cordero Banegas, periodista e historiador, querido y respetado hasta por sus competidores, que por cierto los tuvo; de  Alberto Octavio Córdoba, creador en 1968 de la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires y autor de numerosas obras, que un día nos avisó que  las balas que se custodiaban  en el Museo de la Biblioteca eran nada menos que las que los ingleses habían incrustado en la torre de la iglesia de Santo Domingo en 1807; de  Eduardo Durini, que había concluido con éxito su cruzada personal para rescatar el Palacio Sans Souci.

También recuerdo  al prolífico y  condescendiente historiador  Enrique de Gandía, que brindó desde el primer momento su prestigio, a  Serafín Girola, figura consular de San Fernando y hombre de consejo;  a Lorenzo María  Guedes, memorioso y querido cronista de esta patria chica, a  Darío L. Luciano, que con entusiasmo contagioso fue el alma y el corazón de  nuestra causa durante muchos años. Revelo que muy seguido, frente a problemas que a todos se nos presentan alguna vez, me pregunto ¿que hubiera hecho Darío en esta situación?, y su  entrañable memoria me inspira la mejor solución. Recuerdo igualmente a  Ambrosio Romero Carranza, distinguido académico, historiador y hombre de Derecho,  que recibió con  emoción su nombramiento;  pero que nunca quiso volver a San Fernando,  donde había pasado los mejores años de su juventud. Declaro que sólo después de  mucho tiempo alcancé a comprender con claridad su explicación: no vuelvo, me dijo  “porque fui muy feliz en San Fernando, y nunca se debe volver a donde uno ha sido tan feliz”.

Siento especial nostalgia de mi  querido amigo  Augusto Vilgré La Madrid, historiador riguroso, lector infatigable y  gran maestro del arte de la conversación. Dueño de una especial bonhomía, gran señor  y cabeza de una  dilatada familia, Augusto supo completar mis conceptos juveniles con las vivencias de un amigo que me llevaba mas de 40 años. Evoco también a  su hija Mariana Vilgré La Madrid, desaparecida en plena juventud, a Carlos E. Urquía, excelente poeta, querible y querido  por todo San Fernando; a  Alfonso F. Yasnig, periodista de raza , prudente y amable; a Guillermo Rossiter Allen, de entusiasmo torrencial,  que se brindó a crear conmigo ese sencillo escudo de nobleza espiritual que es el emblema del Instituto; y a Alberto F. Prim, pleno de simpatía y magnífico animador de la cultura.

Salvo Mariana, que apenas alcanzó los 40 años, debo decir, para ser justo, que todos  los demás fueron sin ninguna duda grandes  viejos,  a los que mucho les debemos.

En el flamante Instituto elegimos como primer presidente al Dr.  Enrique Burone Risso, y el 5 de octubre de ese año hicimos nuestra aparición pública con un homenaje a Hipólito Vieytes en el terreno de la Municipalidad que fue el antiguo cementerio. Con el correr de los años Burone Risso dejó paso a Augusto Vilgré La Madrid, que   me precedió  en la presidencia.

Comenzamos a participar en las Jornadas de Historia del Pago de la Costa en 1990, y en agosto de 1997 nos tocó organizarlas  junto con el Instituto Histórico Municipal de San Isidro.

En noviembre del año siguiente, 1998,  organizamos las Primeras Jornadas Rioplatenses de Historia de la Náutica, que celebramos en el Ateneo Popular Esteban Echeverría con el auspicio del Senado de la Provincia de Buenos Aires, la Prefectura Naval Argentina y las municipalidades de San Fernando y  San Isidro. En noviembre de 1999  las reeditamos con gran éxito.

En noviembre de 2004,  en homenaje a la creación del Aeropuerto de San Fernando, celebramos las Jornadas de historia de la Aeronáutica.

En 2005 y 2006  organizamos las Jornadas de Historia del Delta bonaerense,  en las que nos acompañaron numerosos interesados.

En varias oportunidades hicimos “safaris” fotográficos, para rescatar aspectos arquitectónicos característicos de  San Fernando y,  como resultado previsible, organizamos en mayo de 2007 la Primera Jornada sobre patrimonio arquitectónico rioplatense.  En mayo de 2008 la segunda. En  2009  la tercera y  este año, junto con nuestros  primeros 25 años, celebramos  la cuarta.

En julio de  1986,  adherimos en categoría de Miembros Activos a la Federación Argentina de Centros de Estudios Históricos, Sociales y Regionales.

También fuimos de los primeros en integrar en septiembre de 1991  la nueva Federación de entidades históricas de la Provincia de Buenos Aires, lo que nos permitió enriquecernos con el conocimiento y la amistad, ya probada por los años, de muchísimos historiadores y de instituciones que desde entonces nos acompañan.

Igualmente en el año 2000 inauguramos las tertulias,  que llevamos a cabo en la Biblioteca Madero por lo general en otoño y en invierno, compartiendo una suculenta mesa de té con nuestros invitados, que llenaron la biblioteca muchas veces para escuchar los recuerdos y reflexiones que nos comunicaban los mismos vecinos o para conocer el resultado de nuestras investigaciones. Esta modalidad se prolongó durante varios años, mientras pudimos solventarla con nuestros propios recursos. Mas de uno recuerda todavía la intervención de la banda de música del Regimiento de Artillería General Iriarte, que con su uniforme histórico vino a tocar  a la Biblioteca, y que provocó con sus vibraciones sonoras la rotura de una tulipa del hermoso salón en que nos reunimos; o lo bien que lo pasamos aquella tarde lluviosa en que nos visitaron, también con sus uniformes históricos, los Haiglanders y gaiteros escoceses, personificados por los miembros de la Sociedad San Andrés del río de la Plata (Guardia escocesa de Buenos Aires)  y compartieron con nosotros un brindis reforzado por exquisitos chocolates que ellos mismos nos trajeron.  Por supuesto que tampoco  falta quien recuerda con detalle las tortas y masas con que nos regalamos en aquellas tertulias legendarias, como la que dedicamos a la evocación de San Fernando en su bicentenario en julio de 2005.

También se recuerda una muy completa exposición de premios militares del siglo XIX que presentamos con el apoyo de la institución más antigua en el rubro, el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, y una exposición de documentos e impresos de los siglos XVIII y XIX que se conservan en el archivo del Patriarca de San Fernando D. Juan Nepomuceno Madero.

En octubre de  1988  propusimos  y logramos  que el templo parroquial Nuestra Señora de Aranzazu sea considerado monumento y lugar histórico municipal.

En 1993 comenzamos una campaña tendiente a lograr la preservación de la Quinta Jacobé, que fue  declarada Monumento Histórico Municipal gracias al empeño de nuestras miembros de número señoras María Rosa Costa de Arguibel de Donadío y Clara Nougues de Monsegur;  hasta que en el año 1996, el Municipio compró la casa con el fin de levantar el Museo de la Ciudad de San Fernando, inaugurado en 2005, con motivo del Bicentenario de la ciudad

Tampoco faltó la obra escrita en todos estos años. En el año 1989  publicamos el primer número del Boletín del Instituto, en 1990 el segundo, en 1992 el tercero, en 1993 el cuarto, en 1996 el quinto, en 1997 el sexto, en 1998 el séptimo,  y  hace seis años, en 2005, fuimos  de los primeros en crear una página web (www.historiasanfernando.com.ar) , que todavía mantenemos,  y que ha sucedido al Boletín como medio de difusión de nuestros esfuerzos intelectuales.

En estos primeros 25 años hemos publicado además varios libros. En  1993 el Instituto publicó el libro de  Darío L. Luciano Tres relatos sobre el pasado de San Fernando (1805, 1812, 1814).

En 1997 publicamos,  en un grueso volumen de casi 500  páginas, la obra “Juan Hipólito Vieytes  en la Historia de la Lucha por la Independencia Argentina”,  de nuestro miembro de número el  reconocido  historiador Héctor Adolfo Cordero Banegas.

En 1998, salió mi libro Arte y Religión. Alfonso María Raffaelli, Sacerdote y Artista en el antiguo San Fernando (1858 – 1862)

Al año siguiente se publicaron tres libros: “Nuestra Señora de Aránzazu. La Iglesia Histórica de San Fernando de Alberto N. Manfredi (h) ,  “Don Antonino Reyes en San Fernando de Buena Vista A 150 años de la celebración del 9 de julio de 1849” de Roberto L. Elissalde y “Navegación Isleña 1900-1967 Una empresa de servicios entre San Fernando y el Delta”, obra de  Darío L. Luciano.

En el año 2000, después de once años de trabajos, salió mi libro: Archivo Juan Nepomuceno Madero, que ahora está disponible en formato completo y acceso gratuito en nuestra página web.

A lo largo de nuestra historia institucional, hemos dado todo lo que pudimos,  pero es justo reconocer que hemos recibido mucho más. Durante  un cuarto de siglo,  cada domingo de reunión nos albergó y nos sigue albergando,  la Biblioteca y Museo Popular Juan N. Madero. Paralelamente, cada vez que se presentó la oportunidad,  nos brindó su constante hospitalidad el Ateneo Popular Esteban Echeverría. También, a lo largo de estos 25 años  recibimos ayuda por parte de la Municipalidad del Partido, expresada por algunos subsidios y desde hace casi una década por el apoyo entusiasta que nos brinda  la Dirección de Turismo de la Municipalidad de San Fernando y ahora somos huéspedes en este lindísimo ámbito de la Quinta Santa Cecilia.

A todos les debemos gratitud, y estamos dispuestos a demostrar con hechos nuestro propósito; porque estamos llenos de planes, de proyectos pensados para acercarnos a la concreción de los objetivos que nos fijamos hace 25 años y que   -como siempre Dios mediante-   esperamos compartir con todos ustedes.

Dr. Alberto David Leiva