Las Violetas, su restauración

HUGO JOSE GARAVELLI

LAS VIOLETAS SU RESTAURACION

Desde que el doctor Leiva me invitó a concurrir a estas jornadas, me pidió que hablase del caso de “Las Violetas” pues ese lugar, ha estado presente en mi vida desde que tenía 3 años. Y curiosamente, hasta entonces mi familia lo había estado a otra famosa confitería de Buenos Aires, “El Molino” pues nací en Hipólito Yrigoyen, entre Pozos y Sarandí, pero desde 1934, vivo a cuadra y media de “Las Violetas”. Cuando celebraban mi cumpleaños, de niño, las masas y sanduiches se compraban allí y lo mismo, en otras ocasiones. Mi casamiento, que celebramos en casa, se hizo con la torta de bodas, las masas, y los sanduiches también de “Las Violetas”, y en ocasión del bautismo de mi primer hija, su padrino nos obsequió con un servicio completo y hasta vino un mozo para servir a los invitados. Aun conservo, las tarjetas de entonces, que nos entregó la confitería con lo que sirvieron. Lo mismo sucedió con mi otra hija.

Hacia 1998, era frecuente que la comida hecha la adquiriésemos en “Las Violetas”, pues era muy buena, y varias veces hasta entonces fuimos a tomar un te, con algún pariente, o invitado por algún amigo. Y como a mi, así en verdad sucedía con muchas personas de Almagro, era la confitería elegante del barrio, era el lugar vinculado con muchos acontecimientos felices. Y muchos tenían la costumbre de desayunar en su hermoso local,  que para entonces había con el tiempo perdido parte de su brillo y esplendor, propio de épocas mas felices.

El 28 o 29 de junio de 1998, al ir mi esposa  comprar alguna comida hecha, se enteró que la confitería que era parte de nuestra vida, como lo son muchas cosas, cerraría se le dijo “por balance”. Luego, creo que al siguiente día, ante su extrañeza, se le dijo que era necesario hacer algunas obras de conservación, pues los cielorrasos, pisos, etc. tenían algunos deterioros. Yo no lo creí y pensé que perdería otra cosa que me había acompañado en mi vida. Y el 30 cerraron.

Pero había 40 empleados, que recibieron el telegrama de despido, aunque se les quedó debiendo medio sueldo, aguinaldo, vacaciones y despido. Uno de los responsables de la firma a los 5 días se fue del país. Hubo algún empleado, que llevaba 40 años en la casa, que quedó en la calle. Como siempre, y ya es habitual en nuestro país, eso determinó una ocupación del local. Mas tarde, pudieron cobrar todo junio.

Y espontáneamente, el barrio entero no solo apoyó a los trabajadores protestatarios, sino que comenzó a movilizarse para evitar la destrucción de una institución que era parte del barrio. Se comenzaron a juntar firmas, que llegaron a mas de 10 000, solicitando a la Legislatura que la confitería se declarase de interés histórico y cultural, y monumento histórico, para evitar que un nuevo inquilino pudiese destruirlo, pues el local tiene un propietario, que siempre lo alquiló a empresarios gastronómicos, pero podría ocurrir que lo fuese a un banco, supermercado, y este quisiese “modernizarlo”, es decir, destruir todo lo artístico y bello que hubiese.

A los pocos días, los ocupantes decidieron volver a trabajar elaborando lo que pudieron : medialunas, que siempre fueron las mejores del barrio, y regalarlas, pero la gente se las pagó, y así siguieron, y mientras el barrio seguía buscando firmas y apoyo, se organizaron en la confitería uno o dos actos artísticos, en apoyo a la salvación de la confitería, a los que asistí, y finalmente el 6 de agosto, la Legislatura dictó la Ley 49, que declaró a “Las Violetas” sitio de interés cultural, y por la 170, de abril de 1999 dentro del área de  protección histórica. Esto hace que cualquier reforma, o restauración caiga bajo el control de la Dirección de Planeamiento e Interpretación Urbanística, aunque  en 1984 el Museo de la Ciudad la había declarado “Testimonio vivo de la Memoria Ciudadana” y “Confitería notable”. A partir de entonces, se calmó la situación y el local se desalojó pacíficamente, iniciándose un largo período de búsqueda de nuevos concesionarios. Y  además de vender medialunas, el personal permitió que quienquiera quisiera volver a sentarse a sus mesas, lo pudiese  hacer, aunque nada podía servirse, era  en verdad  una confitería “fantasmagórica” .

No fue fácil hallar empresarios gastronómicos dispuestos a retomar el local. Algunos meses después aunque el barrio tenía la tranquilidad que no se destruiría el local, se temía un destino como el de ”El Molino”. Entonces me encontré con un joven vecino, que aunque abogado, se dedica a los negocios inmobiliarios, que con su llave, entraba al clausurado local. Me dijo que  los propietarios le habían dado a él y sus socios la tarea de encontrar concesionario, pero no lo veía fácil, al punto que meses después otra inmobiliaria fue encargada de hacerlo pues era necesario hacer una gran inversión de capital. El sótano, debía refaccionarse por completo, y renovar hornos, cocinas, etc. a mas de al menos repintar y arreglar todo el local, y que se necesitaban algunos millones de pesos-dólares de entonces. Y así no era fácil hallar un cliente para empresa de tal envergadura.

Pero hacia el 2000 aparecieron empresarios gastronómicos, ya dueños de otros importantes negocios del ramo, que resolvieron hacer la inversión que se necesitaba. Están constituidos en la sociedad anónima MEDRI, y entre otros se mencionan a los señores Rafael Pereira Aragón, Isidro Montes y Ramón Conde.

Aquí es necesario relatar la historia  de la confitería. Se inauguró allí mismo, Rivadavia 3899  y Medrano, el 21 de septiembre de 1884. Entonces Almagro era un lugar de quintas, y no de casas que ya tenía el tranvía a caballo por Rivadavia y que aun contaba con una estación del F. C. O, Almagro, ubicada se cree justo en el cruce de las actuales calles  Lezica y Angel Peluffo, el tren era entonces a nivel, pues la trinchera actual data de 1903.El edificio era de una planta, y ya tenía la ornamentación lujosa que describiremos. Las mesas y sillas, habían sido traídas de Paris, y sus propietarios eran  Felman y Rodríguez Ancal.  Se dice que a la inauguración asistió Carlos Pellegrini. Con el tiempo tuvo concurrentes famosos: Roberto Arlt, Alfonsina Storni, Nicolás Repetto, Arturo Frondizi, Gardel y Contursi, Ignacio Corsini, Irineo Leguisamo, de quien se atribuye el nombre del postre, que lo habría creado un pastelero de “Las Violetas”, aficionado a las carreras de caballos. Fue también un lugar para realizar películas como “La Mafia” de Leopoldo Torres Nilson, y “Sol de otoño”. Durante la dictadura militar, fue un lugar de reunión de las futuras “Abuelas de Plaza de Mayo”.

Este primer edificio, del cual en realidad poco se sabe, lo habría heredado Pedro Anzola, quien hacia los años 20,  decidió construir un sótano, y poder edificar varios pisos arriba, y eso determinó que se hiciera un nuevo local, el actual, que se inauguró en 1928, y que seguía las líneas del original, para lo cual debió tomar un crédito hipotecario. En 1942, y fui testigo, recién se edificaron tres pisos encima, aunque debo criticar que se hicieran de paredes lisas, como ya se estilaba en el 30, desentonando con la planta baja de la confitería, pero ya con nuevo propietario, porque el primero no pudo pagar la hipoteca, y el edificio fue rematado el 8 de septiembre de 1933, adquiriéndolo el señor Mateo Figallo, esposo de Verónica Catalina Maria Adelaida Figallo de Figallo, que es la abuela de la señora Graciela Soula de Marchegiani, la propietaria actual del edificio.

El local tuvo desde 1928, importantes vitrales “art nouveau”. Se los ha creído importados, pero  O. Granelli, en un artículo de “Las Violetas en primavera”, año 1, n°1 septiembre de 2009, y autor de “Las Violetas, 120 años” ha descubierto que esa idea, sería debido al estilo y a que el vidrio con que se hacían era el importado, pues los vitrales los hizo en 1927, Antonio Estruch, en su taller entonces en Piedras 1019, según bocetos de un escenógrafo diseñador que trabajaba para la firma. Otra  fuente, afirma que se llamaba  E. Grasset, pero no queda claro si fuese él  el autor de los dibujos y estos  inspiraron al artista de los vitralistas. El caso es que la firma ha continuado, con el hijo y nieto del primer propietario, ahora en Solis 263, y esta conserva los bocetos y dibujos originales, que  fueron hechos en Buenos Aires, y no en el entonces mítico Paris. Armados en aquel taller, los colocaron en 1928, y el actual propietario, nieto del que hizo los vitrales, afirma que se hicieron siguiendo indicaciones del arquitecto que renovó el local ese año.

Desgraciadamente, los mas importantes son invisibles tanto desde la calle, como para los que no se ubiquen en el fondo del salón, en su parte perpendicular a Medrano, al punto que recién supe de su existencia cuando la confitería reabrió. Son 11, comprenden 80 metros cuadrados y se reparten así : los 3 de las cúpulas en la parte de adentro de  cada una de las entradas,  la de la ochava, y las de Rivadavia y la de Medrano, tienen vidrios curvos, flores y dibujos geométricos, los figurativos mas antiguos, que son: uno  muy grande, pero con una puerta también en vitral,  en la pared del fondo del local, paralela a la calle Medrano, este se puede ver desde la calle, representa una glorieta circular con columnas, en un jardín con una laguna en que nadan unos patitos ,  en el que una niña juega con 2 mujeres, y  luego hay dos que serían los mas importantes, junto con otros dos pequeños, en forma de ventanas, que se hallan en el extremo de la pared perpendicular a esa calle, y que solo se pueden ver ubicándose en ese lugar del salón, como dijimos, pues allí, la pared se aparta pues adelante, están los baños que los tapan. Uno, el que está mas lejos de Medrano, tiene otra cúpula y 5 secciones, representa un parque, con una fuente y 5 mujeres alrededor, el otro, que tiene a cada lado los dos pequeños en forma de ventanas, con el dibujo de una columna que sostiene un sol figurado, representa una pareja en sendos caballos, y 3 mujeres en medio de un paisaje. Hay en la pared de la cocina, otros 3 pequeños vitrales semicirculares , que representan paisajes con castillos.Esa pared tiene además 5 relieves en forma semicircular, el central representa a una mujer y los demás alegorías diversas. En el baño de hombres, hay un vitral ovalado, que representa 3 cisnes nadando en un lago, y flores, firmado por E. Fino, y que es de 1950.

El local tiene 380 metros cuadrados, lo que denominamos cocina lo divide virtualmente en 3 partes, una de ventas que da a Rivadavia, y un salón en L invertida, una parte paralela a Medrano, y la perpendicular ya dando al edificio del lado, de esa misma calle,  con  grandes  columnas revestidas de mármol con capiteles jónicos de los que penden cuatro parejas de guirnaldas, todos dorados. Roberto Arlt en su “Noche terrible” evidentemente describe la confitería sin nombrarla al decir además que son “de mármol jaspeado con motas de oro, ceniza y mostaza”, estas columnas son 11, distribuidas así : en el lado del salón perpendicular a Medrano, 3 de cada lado, luego, en el lado paralelo a dicha calle, hay 3, otra enfrentando la ochava y otra ya en el sector de ventas. Llevan anillos de bronce dorado, de los que 3 se debieron hacer de nuevo. También tienen cada una dos aplicaciones de bronce con un soporte para florero. Hay además varias molduras en forma de estas columnas, en las paredes.

Hay 21 o 23  arañas de bronce, tipo plafón en el techo, consta cada una de un globo o tulipa grande, y cuatro alrededor mas pequeños, y 14 en las paredes, con aplicaciones de bronce. Las paredes, tienen revestimientos de caoba  y  espejos. El piso era de mosaico italiano.

Al día del cierre, los años habían deteriorado algo este hermoso aspecto. El piso en partes tenía el revestimiento del mosaico tan gastado, que se veía el cemento de la base, los dorados oscurecidos, algunas placas de caoba dañadas, y las aplicaciones de bronce en parte rotas. A las arañas les faltaban tulipas, y los vitrales tenían vidrios o rotos, o rajados. Súmese a esto los cielorrasos, también con molduras doradas, ya deslucidas  y paredes con su pintura ya envejecida, y tendremos una idea de la antigua confitería, que sin embargo, mantenía la belleza de su estilo,  la atención esmerada de su personal, y la calidad de sus masas, tortas y facturas.

Faltaban muchas luces en las arañas, por eso siempre recuerdo a “Las Violetas” con una iluminación algo pobre, y no con el brillo que tiene actualmente. Además se había hecho un entrepiso que servía de oficina, y por una antigua foto, se sabía que había existido una barra semicircular, desaparecida, y otra  anterior a 1942, sin los 3 pisos agregados al edificio, muestran un gran cartel en la esquina, desaparecido.

Los nuevos concesionarios primero estuvieron seis meses gestionando y estudiando las tareas de restauración, buscando dar a la confitería el aspecto de su inauguración en 1928. Las obras las hicieron las arquitectas Graciela y Mónica Alvarez y Graciela Saldías,  se iniciaron en enero del 2001, y se reinauguró el 19 de julio de 2001, aunque hubo intenciones de hacerlo ya en mayo, pero las obras no estaban terminadas aun.

El entrepiso fue eliminado, y se rehicieron los baños. El piso por ser irrecuperable, se hizo de nuevo, pero se encargaron mosaicos iguales a los originales.

Los vitrales fueron restaurados por Daniel Ortolá, se pegaron los vidrios rajados, y se debieron reponer los que faltaban, así como desmontarlos para quitar el polvo y además colocar masilla de nuevo pues la original se había resecado. Las aplicaciones de bronce en muchos casos se debieron rehacer, copiándose de las que habían pues se habían perdido. En las arañas hubo que dorarlas de nuevo, laquearlas y reponer tulipas que también se hicieron de nuevo, iguales a las originales, y se doraron de nuevo los capiteles, a mas de pintar paredes y cielorrasos. El revestimiento de caoba, se reparó en sus partes dañadas.

Como por fotografías, se sabía que había existido una barra semicircular, se la construyó igual, con mesada de mármol de Carrara, y se colocó un cartel en la esquina, pero no igual sino muy similar al que había existido, los mármoles del frente se dejaron igual, pues se conservaron bien, y se rehízo el toldo. El sector de las ventas, que antes ocupaba todo el frente de la calle Rivadavia, fue algo reducido, pero en obsequio a una mayor capacidad de mesas de  confitería. Estas y las sillas, son nuevas.

“Las Violetas” desde su reapertura, es también un restoran muy elegante, rubro que no fue nunca el original. Desgraciadamente no volvió aquella comida hecha, pues si bien se puede encargar se la debe esperar a que se prepare, y solo volvieron dos pasteleros, que han permitido mantener la calidad de las masas y tortas. No volvieron los antiguos mozos, a los cuales los antiguos clientes recuerdan por su trato. Alguno también afirma que las medialunas, no son las de antes, y que no se está ante aquella confitería que era parte del barrio, pues su espíritu se perdió, junto con el antiguo personal.

Pero por fortuna,  el lugar ha quedado, y lo podemos seguir disfrutando, aunque ya no todo volvió a ser lo de antes. Tomo a veces el te con mi familia, y vemos elementos de un elegante restoran, cosa que nunca tuvo “Las Violetas”, como una barra llena de botellas de vinos finos. Afortunadamente, los nuevos concesionarios están satisfechos con la inversión que hicieron, pues les da ganancias, dado que ahora, los feriados, la gente hace cola para entrar y las ventas están siempre en movimiento, pues masas y tortas y pan dulce tienen la calidad de siempre, y roguemos para que así siga.

Hugo José Garavelli