La trastienda del acto fundacional de la ciudad de la plata (19 de noviembre de 1882)

Por Alberto David Leiva

Tres días de asumir la gobernación de Buenos Aires, Dardo Rocha designó una comisión para estudiar las localidades donde se edificaría la nueva capital. Las candidatas eran Ensenada, Quilmes, Barracas, Olivos, San Fernando, Zárate, Chascomus, Dolores, Mercedes y San Nicolás. Después de varios meses, la comisión que encabezaban Aristóbulo del Valle y José María Ramos Mejía se expidió, sugiriendo que los terrenos más aptos para el asentamiento de la ciudad eran los ubicados frente al puerto de Ensenada.

Tras la aprobación por parte del Senado, el proyecto su marcha. El gobernador no propuso ningún  nombre para la nueva ciudad. Cuando los diputados sancionaron la ley de creación de la capital provincial, el 27 de abril de 1882, algunos opinaron que debía llamarse Mariano Moreno o Bernardino Rivadavia, recordando  que ambos habían propiciado la construcción de un puerto en la ensenada de Barragán, lugar elegido para fundar la capital.

La tradición atribuye la idea de bautizar a la capital con el nombre de La Plata a José Hernández, autor del Martín Fierro. Sea como fuere,   lo cierto es que finalmente prevaleció el nombre de La Plata, dado por el Senado y  el 19 de noviembre de 1882,  con la colocación de la piedra fundamental,  se llevó a cabo la fundación de La Plata en los terrenos altos denominados Lomas de Ensenada.

La circunstancia,  ciertamente dramática, de que la Provincia fundara su nueva capital después de una guerra recién concluida,  el hecho de que nadie había participado jamás en la fundación de una ciudad, hicieron que viajara hasta Ensenada una verdadera multitud para participar del acto, que prometía tener todas las características de una gran fiesta. No solamente se trataba de la inauguración de una ciudad nueva, distinta de las demás, con características monumentales; también se ponía en evidencia  el enorme poder de la Provincia, capaz de edificarla en menos de dos años.

Se había trabajado intensamente. Durante los meses previos al acto,  miles de carpas fueron instaladas en las lomas, con el fin de hospedar y dar cobijo a las personas encargadas de la construcción de la Ciudad.

Ese día domingo 19 de noviembre fue un día terriblemente caluroso. Cerca del mediodía la temperatura superaba con mucho los 30 grados, que se sentían mucho mas en medio del campo.  Sólo el Bosque de Eucaliptos lograba apaciguar el calor, pero se encontraba alejado a más de 1 km. del centro de la Plaza Principal, donde se iba a instalar la piedra fundamental.

Como se trataba de un acontecimiento sumamente importante para nuestra historia, muchos invitados guardaron sus invitaciones. Yo ahora puedo mostrar la que guardó en sus papeles personales ese gran argentino que se llamó  José Manuel Estrada, que asistió en calidad de Rector del Colegio Nacional Buenos Aires:

“La Comisión que suscribe, en nombre del Excmo. Gobernador de la Provincia, tiene el honor de invitar a Ud. para acompañarlo en la colocación de la piedra fundamental de la ciudad La Plata, capital de la Provincia, el día 19 de noviembre. Saludan a Ud. atentamente Manuel R. Trilles, Juan Dillon (h) Paulino Llambí Campbell, Carlos Urioste y Carlos M. de Alvear. Intransferible. Esta tarjeta servirá para entrar al palco respectivo.”

Para el acto se habían colocado en diferentes lugares arcos y trofeos con las más diversas inscripciones, como por ejemplo: “Paz y Libertad”, “Orden y Progreso”, “Amor por la libertad y respeto por las instituciones”, “El ejercicio de los derechos políticos es necesario para el gobierno libre”, “No basta odiar a la tiranía”. Las calles 1, 51 y 53 estaban embanderadas por doquier, como nunca se había visto en nuestro país. Los mástiles de madera, habían sido colocados el día 18 y 19 de Noviembre. El viento caliente ayudaba a flamear con fuerza  la bandera nacional. Por su parte el Gobernador Dardo Rocha, quiso que ese día todos los empleados fueran a la fiesta. Además el gobierno resolvió obsequiar a todos los empleados de su dependencia con la mitad del sueldo. Los oficiales y peones que habían preparado el arreglo, en número de 150 personas, se mostraban uniformados con blusa azul, pantalón gris plomo y gorra con visera azul oscuro. Los  alumnos de la escuela de Artes y Oficios de San Martín fueron encargados de cantar el Himno Nacional en el acto, y todo presagiaba que,  a pesar del intenso calor, habría de vivirse una verdadera fiesta.

Por la falta de comodidades, los diarios porteños  de la época recomendaban que  las mujeres no concurrieran al acto Fundacional de la Ciudad de La Plata. La misma comisión encargada de cursar las invitaciones aconsejó lo mismo; incluso cursó una nota explicativa que decía: “La comisión de invitaciones para asistir a la colocación de la piedra fundamental en la Ciudad La Plata, previene a los caballeros invitados que deseen llevar familias, que es sensible no haber podido invitar especialmente al bello sexo argentino, en razón de no hallarse todavía en la localidad, ningún edificio digno de poder alojarlo con las distinciones merecidas. Buenos Aires Noviembre 17 de 1882 – Manuel R. Trelles, presidente – Juan Dillon (hijo), secretario.

En realidad, los sucesos posteriores vinieron a  demostrar  que se trataba de una sugerencia prudente.

El ferrocarril de Oeste despachó varios trenes. Puede verse por uno de los billetes de tren, que el tren salía a las 11.25 a.m. y volvía a las 7.35 p.m. En los dos casos abajo consta una “Nota: Este boleto sólo servirá para el tren que sale de Central a las 11.25 a.m. Con él no se permitirá subir a otro tren” La misma advertencia consta en el boleto de regreso. Inesperadamente   chocaron dos trenes, de los livianos  conocidos como Decauville (Decauville fue un fabricante francés de equipo ferroviario, muy utilizado hasta la primera mitad del siglo XX). Sucedió que dos formaciones marchaban en la misma dirección, y  al detenerse la que iba delante; fué violentamente embestida por la formación posterior. Los pasajeros se sorprendieron y solo atinaron a arrojarse de los coches, lo que causó en varios, algunas contusiones de poca consideración. Sólo fue un susto, pero también el prólogo de una serie de dificultades que se prolongaron durante toda la jornada.

El acto de colocación de la piedra su cumplió de la siguiente manera: La piedra se colocó en un sitio  distante metro y medio al NO del punto céntrico de la Plaza Principal, según la traza de la Ciudad, practicada por el Departamento de Ingenieros de la Provincia

En los días anteriores, el Sr. Antonio Ciambra, que después fue el único oficial albañil presente en el acto de la Fundación, trabajó  junto a otros dos medias cucharas y un carpintero, en el revestimiento del hue3co para depositar la piedra, para lo cual  utilizaron 12.000 ladrillos. El Sr. Ciambra junto a un correntino, un albanés y un catalán, se encargaron de construir las paredes del pozo y el arco donde se depositaría la Piedra Fundacional. Cumplieron su tarea bajo los rayos de un sol radiante, por dicho motivo, uno de esos días,  Ciambra sufrió una fuerte hemorragia nasal, pero la habilidad de sus amigos, y un balde de agua en la cabeza, calmaron su malestar.

Quedó así preparada una excavación de cuatro metros de largo, tres de ancho, y tres de profundidad, a cuyo fondo después de bendecida por  El Arzobispo León Federico Aneiros, se bajó una caja de piedra de las canteras del Azul, de la forma de un paralelipípedo – rectangular, y de las siguientes dimensiones: un metro y quince centímetros de largo, setenta centímetros de ancho, y setenta centímetros de alto.

Esta caja de piedra contenía en su interior otra de plomo, dentro de la cual el Ministro de Relaciones Exteriores e interino del Interior, Dr. D. Victorino de la Plaza, representante del padrino designado por el Poder Ejecutivo de la Provincia,  colocó una redoma de cristal que contenía a su vez uno de los ejemplares en que fue redactada y firmada la presente acta, diversas medallas y monedas que los señores presentes depositaron en ella, y los siguientes impresos – una Constitución Nacional – una Constitución Provincial – una copia de la Ley de la Ciudad de Buenos Aires, para Capital de la República, una copia del plano de la traza de la nueva Ciudad, una caja elaborada en el taller de Carpintería de la Escuela de Artes y Oficios de la Provincia, conteniendo diversos objetos trabajados en los demás talleres, y otra conteniendo medallas y monedas de la República Argentina.

Una vez colocada dicha redoma se cerró y selló en lacre con el sello del Gobierno. Se soldó en seguida la Caja de plomo y se colocó encima de ella una plancha de mármol de Carrara que tenía la siguiente inscripción: “Esta Caja contiene el acta de Inauguración de la Ciudad La Plata Capital de la Provincia de Buenos Aires”. Sobre esta plancha de mármol, se colocó la tapa de la mencionada Caja de piedra del Azul, después de lo cual el representante del padrino, designado por el Poder Ejecutivo de la Provincia, cubrió con mezcla de cal y arena esta primera piedra de la referida Ciudad La Plata.

En seguida los más antiguos Maestros Mayores de la Provincia de Buenos Aires, D. Miguel Cabrera, D. José María Baca, D. Juan Rodríguez, D. Agustín Rodríguez, D. Gregorio Almaestre, D. Federico Cabrera y D. José Porret, dirigidos por el Jefe de la Sección de Arquitectura del Departamento de Ingenieros D. Pedro Benoit, responsable del trazado de la ciudad,  procedieron a formar un arco y macizar con ladrillo y mezcla el todo de la excavación antes mencionada.

Quedó así definitivamente colocada la piedra fundamental de la Ciudad La Plata, y  dice textualmente el acta fundacional :

“Si las generaciones venideras quisieran en sus centenarios conmemorar ese acto y constatar la existencia de este documento y objetos que le acompañan, deberán efectuar una excavación que partiendo del punto céntrico de la plaza, mida uno y medio metros en la dirección ya indicada. Excavando perpendicularmente se encontrará el frente del macizo y la puerta que guarda la Caja. Cumplido el objeto y depositada el acta de la ceremonia que tenga lugar, se cerrará tal como se encontraba.”

 

Para constancia y perpetua memoria de lo sucedido, leída que fue el acta por el Ministro de Gobierno, fue firmada por el  Gobernador, Ministros, Padrino de la Ciudad y numerosas personas concurrentes al acto, en dos ejemplares de igual tenor escritos en Pergamino, y uno de los cuales se destinó a ser conservado en la Biblioteca de la Provincia de Buenos Aires.

Entre los concurrentes al acto fundacional se repartieron pañuelos de seda con alegorías a los Fundadores y otros con el plano de la Ciudad de La Plata. El Pinn Fundacional (de plata) también se repartió a las autoridades y personalidades que asistieron al lugar, junto a medallas conmemorativas. En realidad los pañuelos, son servilletas que se utilizaron en el banquete que se brindó el mismo día, después de colocada la Piedra Fundamental. Ese día de la Fundación también se repartieron medallas de oro y de plata para los funcionarios e invitados especiales, y de bronce para el resto de los concurrentes al  acto. Estas medallas conmemorativas  de bronce se arrojaron al pueblo con gran fuerza desde el palco oficial. Se sabe que se  distinguieron por su habilidad en arrojarlas el Ministro Victorino de la Plaza, que acertaba con una gracia especial en los sombreros de copa alta de los circunstantes al acto. También el Gral. Nicolás Levalle se distinguió arrojando monedas, pero en uno de los casos, llegó a lastimar la parte superior del ojo derecho de un importante señor, causándole una gran hemorragia nasal, porque usaba anteojos, que por efecto del “lanzamiento” de Levalle, se destruyeron en su rostro y cayeron al suelo.

Muchas de esta medallas se conservan, y los pinn también. En el Museo de la Biblioteca Juan Nepomuceno Madero de San Fernando, existe la cuchara de albañil que utilizó Dardo Rocha en el acto fundacional. El mismo Madero, que era hermano del Vicepresidente, la  consiguió. Por otra parte, en el Museo de la Casa Rosada se encuentra otra palita labrada,  con la que el Presidente Roca debería haber puesto la piedra fundamental de la ciudad el 19 de noviembre de 1882. desentendimiento con Dardo Rocha lo retuvo en Buenos Aires y dejó sin usar la histórica herramienta. El presidente había sido elegido por el Poder Ejecutivo provincial como uno de los padrinos de la Ciudad de La Plata, pero  no pudo concurrir al acto, porque debía viajar a la provincia de Córdoba para la inauguración de un monumento en honor al Gral. Paz, y delegó su cargo en el  vicepresidente Madero. Por problemas de salud este último delegó nuevamente el cargo en Victorino de la Plaza (Ministro de Relaciones Exteriores), que si fue al acto Fundacional.

Acababa de terminar el acto cuando el calor insoportable de la jornada,  desencadenó una fuerte tormenta de viento y lluvia, que produjo la huida en estampida de todos los presentes. Totalmente empapados intentaban guarecerse en un edificio de madera, construido para albergar a las autoridades.

Superada la tormenta, durante todo el resto del día las distintas agrupaciones llegadas de todas partes de la Provincia y de la Ciudad de Buenos Aires,  y las colectividades extranjeras en la Argentina, cantaron y tocaron infinidad de temas musicales. Por  la noche hubo fuegos de artificiales, se disputaron carreras de sortijas, y  hubo muchísimos fogones en las carpas pertenecientes a las Municipalidades invitadas. Cabe destacar que las carpas de la Municipalidad de Magdalena y la de Belgrano, superaban en capacidad y majestuosidad a las carpas oficiales.

El banquete fundacional se sirvió  en lo que meses antes había sido el pabellón dedicado a los conciertos en la Exposición Continental de Buenos Aires. Se había desarmado de la Plaza Miserere y fue trasladado en tren hasta la Plata. La empresa encargada del servicio fue la reconocida Confitería Porteña “El Aguila”. También guardó Estrada la invitación, firmada por Mauricio Mayer, Eulogio Enciso y Diego Chaves López.

Paralelamente, otra comisión, compuesta por José Hernández y José Victorica, se encargó de preparar el banquete popular, para el cual los nombrados mandaron preparar en Buenos Aires carne asada de cien novillos. Pero sucedió que por el gran calor de ese día, la carne asada, llevada en cajones desde Buenos Aires, se descompuso a causa de la humedad y del calor reinante. Y Hernández y Victorica tuvieron que quemarla ocultamente, mientras la concurrencia está visitando las primeras construcciones. Mientras algunos disimuladamente devoraban algún trozo de pan, la mayor parte de la concurrencia debió resignarse a pasar todo el día sin probar bocado, aplacando  la sed con limonada y finos vinos cuyanos.

Cuando las autoridades y otros funcionarios subieron al tren que los llevaría a la Ciudad de Buenos Aires, en la estación La Plata (hoy Tolosa), para dirigirse a la estación Ensenada y como destino final, a la estación Central en Buenos Aires,  se encontraron que sus lugares habían sido ocupados por los “Sin boleto”. El viaje fue muy largo y tedioso y tras un viaje de más de 3 horas,  llegó a destino alrededor de las 2 de la mañana. El gobernador Dardo Rocha y su familia se hospedaron en el casco de la estancia de Martín Iraola que había fallecido recientemente. Después de la inauguración y del banquete, regresaron a la estancia para descansar.

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Botón repartido a los concurrentes