La obra plástica de Cupertino del Campo, destacado vecino de San Fernando.

Celia Codeseira del Castillo – 2012

Nos ocupamos en este trabajo de una figura consular en el ámbito de la cultura.   Don Cupertino del Campo era médico pediatra pero su pasión por el arte lo fue alejando de la profesión.  Focalizaremos en su actividad como artista plástico y en sus esfuerzos para difundir  el arte argentino durante veinte años desde la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes y  la Academia Nacional de Bellas Artes.

Don Cupertino era porteño y cuando casó con Sofía del Arca, hija del prestigioso médico Enrique E. del Arca, vivieron en San Fernando, en  la quinta de su suegro.   Dicho  lugar, ocupaba una superficie de varias hectáreas y su mayor extensión estaba sobre la actual calle Del Arca donde se encontraba la entrada principal, cerca del ferrocarril del bajo.  La casa era un chalet de dos plantas y se accedía al portón de entrada recorriendo un camino jalonado por doble hilera de palmeras. [1] Allí  instaló su taller de pintura y el entorno fue un motivo de inspiración para realizar sus telas.

Quinta del Arca en San Fernando (1936) *

Quinta del Arca en San Fernando (1936) *

Parados: Lucrecia del Arca, Jane Harris, Cupertino del Campo, Justa Lynch de del Arca, Paul Harris, Sofía del Arca de del Campo y Ernesto Nelson.
Sentados los hijos: Sofía, Cupertino (h), Ana Justa, Marta, Hortensia y Horacio.

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Cupertino tuvo dos tíos que influyeron en su formación intelectual: por la rama paterna el escritor Estanislao del Campo;  y por la materna, el Dr. Ricardo Gutiérrez.

El artista parecía signado por su apellido.  Amaba el campo y recorría los pueblos suburbanos en busca de temas para pintar al aire libre. “Era un enamorado de su tierra natal. El árbol, la extensión, el sosiego de la estancia criolla se ven reproducidos en sus cuadros.”[2]  Había estudiado pintura con el maestro italiano Decoroso Bonifati, formado en la Real Academia de Turín, que vivió en Buenos Aires desde 1884 hasta 1941.  Con él conoció las últimas manifestaciones del Naturalismo y se especializó en el paisaje.

La barranca del algarrobo

La barranca del algarrobo

 Prefirió pintar la naturaleza viva, de esa manera los árboles, el arroyo, el camino,  son plasmados en sus telas con una luz incomparable. Practicaba el denominado naturalismo Au Plein Air con el fin de captar el paisaje y su atmósfera lo más cercano a la realidad.  Esa corriente pictórica surgió como una reacción contra el Romanticismo cuyos artistas pintaban sus paisajes en el interior de sus talleres. El paisaje fue el género en que los creadores se sintieron más libres y más tarde daría origen al Impresionismo. Pagano afirmaba que el artista “amaba la tierra y las cosas de la tierra, las canta y las pinta poniendo fuego… y en el color, un claro timbre argentino.”[3]   Por su parte, del Campo se refiere a la técnica pictórica expresando, que todo pintor tiene un ideario estético y el suyo consiste en no calumniar a la naturaleza ni traicionarse a si mismo.  Que buscaba hacer las cosas tal cual las veía y lo mejor que podía, sin tener en cuenta las ventajas comerciales, la crítica,  ni las exigencias de la moda. Afirmaba que la obligación del pintor era “ser pintor”, y para eso tenía en sus manos una paleta de colores que constituía el alfabeto de su lenguaje.[4]

En una conferencia dictada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en noviembre de 1915, enfatizaba que para percibir los colores de la naturaleza se requería un ejercicio largo y sostenido, afirmando que la paleta sombría se aclaraba con la división del tono. Según sus palabras, se debía utilizar “la variedad infinita de colores que como un manto cuajado de piedras preciosas se extiende por los campos soleados, para que el paisaje deje de ser una receta de taller  y se convierta  en un estudio al aire libre.”[5]

Desarrollo de su carrera artística:

            En sus comienzos presentó el cuadro “La chacra” en la Primera Exposición Artística de Aficionados, en el Salón Costa, donde fue elogiado. En 1905 surgió la Sociedad de Aficionados presidida por Cupertino, cuyo objetivo fue organizar exposiciones colectivas, que se realizaron hasta 1909.

            En 1910 tuvo lugar la Exposición Internacional del Centenario, que era el certamen de mayor importancia en América del Sur y en el que participaron catorce países. La Sección Argentina comprendía 192 cuadros entre los que estaban los suyos. En ella expuso tres paisajes y  obtuvo la Medalla de Bronce.  Dicha muestra funcionó en el Pabellón Argentino, que había sido erigido en París en 1889 con motivo de la Exposición Universal de ese año. Luego se desarmó y se trasladó a Buenos Aires, ubicándolo  en la Plaza San Martín, en Retiro, donde más tarde se instaló el Museo Nacional de Bellas Artes.

            Un año después, del Campo expuso “fuera de concurso” sus pinturas en el Salón Nacional.  Esa circunstancia se dio porque formaba parte del jurado y por su calidad de miembro de la Comisión de Bellas Artes.

            En 1915 se creó la sociedad secreta Verdad coordinada por el mecenas Carlos Zuberbüller e integrada por artistas entre los cuales estaba Cupertino.  Sus integrantes visitaban los talleres de los pintores y, para ayudarlos económicamente, adquirían sus pinturas y las donaban al Museo.  Dicho año se presentó en  la Exposición Internacional de San Francisco y obtuvo la Medalla de Plata.

            Cuatro años más tarde, Rojas Silveyra se refiere al artista afirmando “Es de cierta manera, un “intuicionista” que se resiste a la revisión de los valores estéticos y que logra desenvolverse entre ellos, entre el fárrago un poco inconsistente de las ideas nuevas [acerca del arte]…  Cupertino del Campo ha realizado su obra de artista tranquilamente, sin grandes sobresaltos, sin afanes desmesurados y sin vanos anhelos de notoriedad.”[6]

Paisaje 1913

Paisaje 1913

La tarde en el bosque

La tarde en el bosque

                En 1922  se presentó en la Bienal de Venecia con “El patio de los naranjos”, que fue adquirido  por el gobierno italiano con destino a la Real Galería del Quirinal. En  la Exposición Internacional de Bolivia (1925 y 1951) obtuvo el Gran Premio de Honor en la primera, y medalla de oro en la segunda. Participó también en la Primera Exposición de Arte Argentino, en Costa Rica (1928) y la Internacional de Río de Janeiro (1935).

            Otro faceta de su vida en el mundo de la cultura fue la literatura.  Y es allí donde pudo conjugar la plástica con la escritura.  En 1937 publicó su obra poética Mensajes líricos, ilustradocon dibujos en sepia. Incluimos algunos ejemplos en los cuales se puede apreciar las distintas temáticas desarrolladas por el artista: el retrato y el paisaje.

Puerta [7]

Puerta [7]

Bartolomé Mitre [8]

Bartolomé Mitre [8]

En 1944 publicó su libro Prohombres de América para el que realizó retratos al grafito como los que se observan más arriba.

            El Colegio Ward, de Ramos Mejía, expuso una colección de sus obras en el edificio Oldham donadas por el entonces director Fred Aden (1920-1954). Aquí podemos observar una de ellas representando el campus del Colegio antes de que se construyeran otros edificios.

Campus del Colegio Ward – Ramos Mejía

 

En 1958, el pintor argentino Cesáreo Bernaldo de Quirós se refirió a la obra de del Campo manifestando que “es obra de singular artista, plena de serenidad y salud, de amor y de luz y donde el equilibrio juega un papel importante.  Sólo así, fiel  a si mismo, ha conquistado ese lenguaje propio, esa propia verdad.”[9]

En 2005, integrando la “Exposición Vislumbres Pampeanas”, realizada en el pabellón de Artes de la Universidad Católica Argentina, se expusieron tres de sus óleos: El carrero (1914), Raigones de ombú (1949) y El pozo (1902).

Su obra como promotor del Arte Argentino:

            Desde la dirección de Museo Nacional de Bellas Artes (1911-1931) organizó las primeras salas exclusivas de arte argentino y recibió donaciones de colectividades radicadas en nuestro país. Durante su gestión se organizó el taller de restauración, se dictaron conferencias sobre historia del arte y se publicó el Boletín del Museo.

            Desde su cargo de secretario de la Comisión Nacional de Bellas Artes, y junto a otros miembros, impulsó la creación del Salón Nacional. Con la misma institución decidió ceder a las provincias obras que eran patrimonio del Museo, para que pudieran crear sus propios museos de artes plásticas. Fueron obras adquiridas en el Salón Nacional, correspondientes a las secciones pintura, grabado y escultura.  Esa idea revolucionaria tuvo sus opositores como Eduardo Schiaffino.  El objetivo de del Campo era crear “conciencia artística” en el interior.

            También organizó muestras  de arte argentino en el extranjero.  En los Estados Unidos de América,  la Sección Argentina en la Exposición Internacional de San Francisco. Representó al Instituto Cultural Argentino Norteamericano ante la American Academy of Arts and Letters, en Nueva York.  En 1933, organizó una exhibición de grabadores argentinos en varias ciudades de ese país.

A modo de conclusión:

            Del Campo fue sobre todo un pintor de paisajes de la llanura pampeana con la cual se sentía plenamente  identificado.  En un momento en que irrumpían las vanguardias, prefirió la pintura figurativa y adhirió fuertemente a la temática argentina frente al avance de las corrientes europeizantes.

            Realizó a lo largo de su vida importantes exposiciones individuales, alcanzando notoriedad en el medio.  También rescatamos su importancia como dibujante de retratos, temas de arquitectura y sus maravillosos árboles.

            Pero lo que más destacamos es su accionar como gestor cultural y su incesante preocupación por difundir el arte argentino en todo el país,  ya que pensaba que no sólo la ciudad capital debía albergar importantes colecciones artísticas y por lo tanto debían crearse museos de arte provinciales.  Del mismo modo rescatamos su valioso compromiso con la difusión del arte nacional en el extranjero, a través de las sucesivas exhibiciones que organizó después de intensas gestiones para lograr concretarlas.

BIBLIOGRAFÍA

 -ARGENTINA. DIRECCIÓN GENERAL DE CULTURA. Exposición del pintor argentino Dr. Cupertino del Campo: 5 al 7 de mayo-Galería Velázquez.  Buenos Aires, 1958.

-CAMPO. Cupertino del.  Forma y Color: Impresiones de viaje. Buenos Aires, Idea Latina, 1925.

-CAMPO, Cupertino del.  “La pintura en los Estados Unidos”.  En: Anales del Instituto Popular de Conferencias.  Tomo XVI, Buenos Aires, 1930.

-CAMPO, Cupertino del.  Mensajes Líricos. Buenos Aires, El Bibliófilo, 1937.

-CAMPO, Cupertino del.  Prohombres de América. Buenos Aires, Asociación de Difusión Interamericana, 1943.

-CORDOVA ITURBURU [Cayetano].  La pintura argentina del siglo XX.  Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1958.

-CHIAPPORI, Atilio. Luz en el Templo. Buenos Aires, Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, 1942.

-EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DE ARTE DEL CENTENARIO. Catálogo Ilustrado. Buenos Aires, Establecimiento Gráfico M. Rodríguez Giles, 1910.

-GONZALEZ ARRILI, Bernardo.  Cupertino del Campo: biografía seguida de una antología en prosa y verso. Buenos Aires, Bartolomé V. Chiesino Impresor, 1973.

-MERLINO, Adrián. Diccionario de Artistas Plásticos de la Argentina. Buenos Aires, Edición del autor, 1954.

-MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES: Colección.  Buenos Aires, Arte Gráfico Editorial Argentino, 2010.  Tomo I.

-PAGANO, José León.  El Arte de los argentinos. Buenos Aires, Editorial Goncourt,

-RC Plus; La Revista del Rotary Club de Buenos Aires. Año 2,  n° 3, enero/junio 2010.

-ROJAS SILVEYRA, Manuel.  “Cupertino del Campo”.  En: Augusta, Revista de Arte. Año 2, volumen 2.  Buenos Aires, mayo 1919.

-UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA. Pabellón Artes. Catálogo Vislumbres Pampeanas. Buenos Aires, 2005.

[1]Enrique Burone Risso. Las viejas quintas de San Fernando; p. 75.

[2]UCA. Pabellón de las Artes. Catálogo Vislumbres Pampeanas. Buenos Aires, 2005; p. 15.

[3]José León Pagano. El Arte de los Argentinos. Buenos Aires, Goncourt, 1981; p.98.

[4]Citado por Bernardo González Arrili. Cupertino del Campo: biografía seguida de una antología en prosa y verso. Buenos Aires, Bartolomé V. Chiesino Impresor, 1973.

[5]Bernardo Gonzalez Arrili, op.cit.; p. 20 y 23.

[6]Manuel Rojas Silveyra, “Cupertino del Campo”. En: Augusta; Revista de Arte. Año 2, Nº 2. Buenos Aires, mayo 1919; pp. 224 y 227.

[7]Ilustración del poema “La puerta cerrada”. En: Cupertino del Campo, Mensajes Líricos. Buenos Aires, El Bibliófilo, 1937; p. 145.

[8]Retrato tomado de una fotografía que reproduce la escultura Historia del Monumento a Mitre, erigido en la plaza epónima por el escultor italiano Eduardo Rubino. Ilustra el poema del mismo nombre. En: Cupertino del Campo, Prohombres de América.  Buenos Aires, Asociación de Difusión Interamericana, 1943;  p. 134.

[9]Bernardo González Arrili, op. cit; p. 21.