El Palacio Otamendi – Alberto David Leiva

Por Alberto David Leiva*

Todavía se levanta en la ciudad cabecera del partido de San Fernando, en la calle  Sarmiento 1427, entre Lavalle y Belgrano un magnífico edificio, hoy abandonado, al que se conoce con el nombre de Palacio Belgrano, o Palacio Otamendi. Su constructor fue  Joaquín M. Belgrano,  uno de los descendientes de Carlos Belgrano, hermano de Manuel Belgrano y Comandante Militar de San Fernando, en los lejanos años virreinales y después de 1810.

El arquitecto Belgrano  nació en Montevideo el 5 de agosto de 1854. En su adolescencia se trasladó a París y allí ingresó por concurso a la Escuela de Bellas Artes, donde cursó estudios superiores y se graduó de arquitecto.

Terminada su carrera se trasladó a Uruguay y allí se dedicó a estudiar geología y mineralogía con el propósito de encabezar explotaciones mineras que no llegaron a concretarse. Ejerció su profesión en Montevideo hasta 1880.Ese año ingresó como dibujante proyectista al antiguo Departamento de Ingenieros. En diciembre de 1880 presentó la solicitud para revalidar su titulo. El 16 de febrero de 1886 fue nombrado profesor suplente de arquitectura y titular de dibujo y arquitectura en 1887. En 1892 era profesor titular  de arquitectura en la facultad de ingeniería. Fue Inspector General de Arquitectura del MOP de la Nación.

El arquitecto Belgrano fue un trabajador incasable. Fue autor del proyecto de terminación de la casa de gobierno de Buenos Aires, de la Iglesia de Santa Lucía  en la calle Montes de Oca, en Barracas en  1887; del primer edificio del Banco español Reconquista 180 y de las antiguas residencias de las familias de Joaquín Cullen (calle Piedad, hoy Bartolomé Mitre 1263), Juan J.  Blaquier en la calle Suipacha, frente a la Opera, las dos casas del Ingeniero Guillermo White la de Buenos Aires en Libertad 926 y la de veraneo en San Fernando, Augusto Coelho en Rodríguez Peña y Tucumán , de Sestagaray sobre la calle Defensa, Quirno Costa en Santa Fe 1461, casas de departamentos del señor Ayerza en Piedras 747,765, la casa de José M. Belgrano en Alsina 1123, la casa de Carlos Rodríguez Larreta en Charcas y Paraguay, el frente de la casa del Sr. Gregorio Soler sobre la nueva Avenida de Mayo; tres  escuelas en Buenos Aires, la casa principal de la estancia de Leonardo Pereyra y dejó inconclusa la modificación  de la fachada de la iglesia de San Juan en Alsina y Piedras, como si todo esto fuera poco, Belgrano construyó mausoleos en la Recoleta para las familias de Ayerza, Frías, Piñero, Pereyra, Jacobé y también para su  propia familia.

Como Inspector General de Arquitectura dejó proyectadas importantes obras públicas, como la Cárcel Correccional e Menores, la Estación Central de Ferrocarriles , muchos edificios escolares en Jujuy y Catamarca y también un proyecto destinado a proteger la sala de la jura de la independencia en la casa de doña Gregaria  Basan de Laguna, mas conocida como la casa de Tucumán

Murió Belgrano en París a los 48 años,  el 7 de marzo de 1901. Murió tres meses después de  haber llegado a Europa en aparente estado de perfecta salud. Tiempo después, la Revista Técnica Arquitectura, órgano de la Sociedad Central de Arquitectos, redactada por Eduardo Le Monnier y Bartolomé M. Raffo, en su número del 15 de mayo de 1904 le dedicó un artículo  llamándolo “uno de nuestros artistas mas geniales”. Si bien recibió en sus comienzos la influencia del neoclasicismo helénico,  Belgrano terminó adhiriendo al eclecticismo predominante a fines de siglo XIX. El arquitecto Belgrano supo formar una de las bibliotecas mas notables de su tiempo, integrada por mas de cinco mil volúmenes de alto costo, como eran a principios del siglo pasado los libros de arte y de arquitectura. Alejandro Christophersen, evocando su vida y su obra, dijo que era un erudito y un gran artista.

En fecha no precisada, Joaquín Belgrano construyó también en el último tercio del siglo XIX, en el pueblo de  San Fernando –por entonces elegante villa de veraneo-  la quinta conocida también como “Palacio Belgrano”, después “Palacio Otamendi”.Durante  bastante tiempo fue la mas alta construcción cerca de la plaza, como puede verse por una  vista panorámica del pueblo  tomada desde su torre.

Se trata de una magnífica construcción, al estilo del renacimiento alemán, con líneas que la asemejan a un castillo. Su torre y sus techos de pizarra negra le otorgan un aspecto romántico al exterior del edificio. En la entrada, se destacan los escalones biselados de mármol de Carrara. Los interiores de la propiedad fueron dotados entonces del mayor confort, con materiales traídos desde Europa. Al ingresar a la casa, que hoy está casi en ruinas,  se observan todavía los restos de  un piso veneciano en colores ocres y bordó, que forman figuras con una guarda perimetral. A la izquierda, un mural azul y blanco recreaba un paisaje de Ámsterdam (Holanda).

En el sector ubicado sobre la calle Belgrano, se encontraban las caballerizas y la vivienda de los cuidadores,  donde existía un molino de viento. El predio,  originariamente parquizado,  todavía conserva una gran variedad de plantas y frondosos árboles, hoy en lamentable estado.

En forma contrapuesta a la entrada; Belgrano construyó una capilla de líneas simples que contenía  un altar de mármol, los pasos del Vía Crucis y un antiguo confesionario de madera. En las paredes lucían vitrales franceses con figuras geométricas y reminiscencias medievales.

Cabe destacar que no fue esta la única construcción valiosa en el San Fernando del siglo XIX, ni tampoco la mas valiosa. Después de la caída del gobernador  Juan Manuel de Rosas,  gracias a la acción de un grupo social de alto nivel,  liderado por el anciano  Juan N. Madero  y por el joven Amancio Alcorta, el pueblo  se había transformado en lugar de veraneo preferido por algunas de las principales familias de Buenos Aires. Según recuerda Enrique Burone Risso en su libro “Las viejas quintas de San Fernando”;  mientras se mantuvo el alto tono de la vida social de la Villa, la quinta fue usada como residencia de verano por las familias Belgrano Rawson y Vega Belgrano.

Al fallecer Joaquín Belgrano, su viuda, doña Josefina Rawson, casó en segundas nupcias con el ingeniero Vicente Castro, ya muy conocido por entonces  tras haber encabezado las obras del puerto militar de Bahía Blanca.

La propiedad se vendió al ingeniero civil Rómulo Otamendi y a su esposa Matilde Carballo, quienes también fijaron allí su residencia de verano pero el destino quiso que  pudieran disfrutar muy poco tiempo de la nueva adquisición.

El matrimonio Otamendi-Carballo tuvo una única hija, de nombre Estela Matilde, que  falleció en Córdoba, víctima de la tuberculosis,  en 1909. Los padres quedaron entonces desolados y sumidos en la mas profunda tristeza. En 1916, después que murió Matilde Carballo, su marido el ingeniero Rómulo Otamendi donó la casona a la prestigiosa Sociedad de Beneficencia de la Capital. Desde entonces funcionó allí un asilo de niñas y jovencitas bajo el nombre de “Estela Matilde Otamendi”, en recuerdo de la hija del matrimonio. En 1934, invitados por la Presidente de la Sociedad, la marquesa pontificia  Adelia María Harilaos de Olmos, llegaron a  Buenos Aires el 27 de febrero, las Hermanas de los Santos Ángeles Custodios y se hicieron cargo del lugar[1]. Transcurrieron allí catorce años de esforzada  labor apostólica, hasta que las hermanas de esta congregación española tuvieron que  dejar el palacio, que al iniciarse la década de 1950 pasó a manos del Estado Nacional, que estableció allí el instituto Estela Matilde Otamendi, dependiente del Consejo Nacional del Menor y la Familia.

Casi treinta años después,  cuando yo era el Jefe del Departamento de Asistencia Jurídica Tutelar del entonces Consejo Nacional de Protección del Menor y la Familia, visité varias veces la institución por necesidades del servicio. De aquellas visitas recuerdo la siempre amable acogida del Director del Instituto, un sanfernandino de ley: el señor Manuel Jorge, y también los planes para dotar al edificio de un mínimo confort,  sin destruir lo poco que quedaba del aspecto original. Pero nada de eso se pudo concretar. La Argentina fue decayendo año tras año, en un proceso que parece no tener fin.

El palacio Belgrano o Palacio Otamendi ya no es un instituto de menores; ni nadie pretende que lo sea. El edificio sigue en pié, pero cada vez mas deteriorado. Como muchos otros edificios testigos de nuestra vida pasada, integra nuestro patrimonio cultural y arquitectónico, y debe ser urgentemente recuperado por las autoridades para  toda la comunidad.

*Doctor en derecho por la Universidad de Buenos Aires. Profesor titular ordinario en la Universidad Nacional del Sur. Titular en la Pontificia Universidad Catolica Argentina y profesor en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Es miembro de la carrera de investigador científico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es autor de numerosos libros, monografías y ensayos publicados en el país y en el extranjero.

[1] Las madres  María Margarita Padilla, Dolores Hontañón y María del Pilar Abiega, las hermanas María Paz Orrantía e Isabel González llegaron primero  bajo la dirección de la Vicaria General,  madre Asunción Eriksen. Después llegaron las madres Amalia Chavarría y Aurora Magro y  las hermanas Paula Atela y Teresa Campognoli. La asistencia espiritual estaba a cargo del  R.P. Joaquín Añón.

Fotos  por Andrea F. Morello, Arq.M.R.R.P.Suipacha 2329,1643, Beccar. Buenos Aires, Argentina tels:(+ 54.11) 4743.3404 movil: (+54.911) 5162.1011