Domingo cuatro de Febrero de 1894, elecciones nacionales, estado de sitio y día de carnaval en San Fernando

DOMINGO CUATRO DE FEBRERO DE 1894, ELECCIONES NACIONALES, ESTADO DE SITIO Y DIA DE CARNAVAL EN SAN FERNANDO

Alberto David Leiva

La zona en que se asienta  actualmente el Partido de San Fernando estaba poblada de manera espontánea desde los inicios de la colonización. El pueblo, como se sabe,  nació como núcleo urbano a principios del siglo XIX, y durante los años subsiguientes sus pobladores se aferraron a la tierra con tenacidad, sin tiempo que destinar a diversiones colectivas,  hasta que –en la tercera década del siglo XIX –  el gobierno provincial propició la realización  esporádica de alguna fiesta cívica.

Después de la caída de Rozas,  gracias a la acción de un grupo social de alto nivel,  liderado por el anciano  Juan Nepomuceno  Madero  y por el joven Amancio Alcorta; el pueblo  se fue transformando en un lugar de veraneo para algunas de las principales familias de Buenos Aires, que fueron a reproducir ahí las sencillas alegrías que ya no se usaban en la gran ciudad.

El Buenos Aires romántico, combinación constante de criollismo visceral y de ingenua imitación de lo europeo, comenzaba a  desaparecer bajo el aluvión extranjero, y San Fernando de Buena Vista  no pudo permanecer  ajeno. Con la llegada de los inmigrantes,  y tras su radicación  como población estable en el pueblo, ambos grupos encontraron un ámbito común de diversión, que se materializó en los actos del carnaval que reunían  sin recelos tanto a unos como a otros.

Para los  habitantes estables y para los veraneantes,  las fiestas de carnaval en el pueblo  se transformaron en una práctica habitual,  que llegó a ser entrañable, y que se mantuvo durante mucho tiempo entre las prácticas colectivas, a las que después se fueron sumando, con el tiempo,  las inquietudes culturales y las actividades deportivas;

Más de una vez se hizo necesario  recurrir a la acción coordinada del gobierno y de los particulares para asegurar el éxito de la fiesta, como sucedió durante el verano de 1894.

Gobernada el país el Dr. Luis Sáenz Peña. En una situación política cada día más inestable, el presidente  cambió varias veces todo su gabinete de ministros  y finalmente —ante la inminencia de una revolución radical— nombró Ministro del Interior a Aristóbulo del Valle, quien  lo convenció de desarmar  a la Guardia Nacional, con el fin aparente de evitar nuevas revoluciones, pero pocos días más tarde estalló la revolución radical. Ya desarmados los gobiernos de provincia, los revolucionarios —dirigidos por Hipólito Yrigoyen— lograron derrocar a varios de ellos, incluido el de Buenos Aires.

El Presidente designó interventor Federal de la Provincia de Buenos Aires al Ministro del Interior doctor Lucio Vicente López., el conocido autor de ese libro delicioso que se  llama La Gran Aldea, que en el 90 había participado en la Revolución del Parque y  que compartía plenamente las preocupaciones de la mayoría de su contemporáneos sobre la necesidad de afianzar la paz social que los políticos de entonces parecían poner en peligro.

López  iba muy seguido a la casa  que tenía su padre en el Tigre, y tenía mucha simpatía por el corso de San Fernando. También sentía gran preocupación por nuestro destino como país. El 24 de mayo de 1890, hablando en la colación de grados de la Facultad de Derecho decía: “Esos grupos de hombres, mujeres y niños, que pululan en las riveras de nuestras ciudades, llevando todavía sus trajes nacionales, hablando mil dialectos y ninguna lengua, vástagos de germanos y de italiotas, de galos y de godos, inmensa polenta humana, constituirán sin duda las familias patricias del porvenir…

Nuestras democracias sudamericanas corren el peligro de hacerse plebeyas e ignorantes; y los esfuerzos de los hombres de pensamiento deben dirigirse a prevenir los estragos de este género de democratización de la igualdad, de la libertad y del falso liberalismo…. la democracia, como todo gobierno bien entendido, es el respeto a todos los derechos por todos los poderes; el gobierno de las clases intelectuales, de los varones justos y capaces de la república…es gran deber, gran virtud, gran imperio, volver al pasado, inspirarnos en la influencia clásica de la revolución argentina, defender a la América del materialismo que la amenaza, ser dignos para ser fuertes, ser fuertes para ser grandes. Volver al pasado quiere decir releer nuestra historia, respetar el talento, combatir la mediocridad, demoler el cosmopolitanismo y trazar de una vez con rasgos firmes el perfil definitivo de la patria.”

He querido traer a colación estos conceptos expresados hace  120 años por el nieto del autor del himno nacional, como una  muestra de su   contribución a  la construcción de la Argentina. Ese respeto por la sociedad que lo había elevado, junto con su reconocido sentido del humor, se ven muy claramente en una breve correspondencia que intercambió con el Intendente de San Fernando cuando éste preparaba los festejos del carnaval de 1894.

En San Fernando ejercía sus  funciones el intendente D. Julio Núñez, que le comunicó  sus inquietudes el  13 de enero de 1894. Amparado en la  confianza, Núñez escribió:  “ Ud. sabe que el corso y carnaval en este pueblo se ha hecho célebre y la celebridad la ha adquirido por la cantidad y calidad de la concurrencia  que a él asiste. Los comerciantes en esos días hacen gran negocio y como lo repiten hacen vientre de mal año.

Pero ocurre, como Ud. sabe, que el primer día de carnaval este año cae en el de las elecciones nacionales y entonces me asaltan ciertas dudas.

1- ¿Conviene que haya carnaval y corso en día de elecciones, no obstante que estas terminan antes de la hora en que comienza la fiesta?.

2- ¿Puede celebrarse ésta hallándose el país en estado de sitio?.

Dos palabras sobre los motivos del estado de sitio a que se refiere el intendente  Núñez: En el orden nacional y provincial, En enero de 1894 la legación francesa en Buenos Aires remitía a Paris   –como una cortesía del jefe de policía de Buenos Aires,  general Manuel Campos-  los  datos antropométricos y fotos de 10 anarquistas expulsados, Al ser considerados peligrosos elementos antisociales y terroristas que actuaban escala internacional,  las embajadas controlaban a sus nacionales en contacto permanente con las autoridades argentinas. Muy pocos días antes, el 29 de diciembre de 1893 fue detenido el Dr. John Greaghe, un médico anarquista irlandés radicado en  Luján, mientras participaba de una reunión anarquista contra la idea religiosa, justamente  el mismo día de la peregrinación nacional  al Santuario de la Virgen. Él y su grupo fueron trasladados en tren a La Plata. el grupo se llamaba Los Dinamiteros . Este hombre, que se consideraba ciudadano del mundo,  había nacido en  Dublin en 1841 y murió en Washington en 1920 a los 79 años. Cito éstos entre muchísimos casos.

En San FernandoEl clima político era complicado  en San Fernando tanto como en el resto del país. Baste como ejemplo la carta que le dirigió a López el  18 de diciembre de 1893 el conocido vecino Fernando Cordero. “Mi estimado doctor: le remito una queja que interponemos un buen número de electores contra la Municipalidad  de San Fernando, que ha sido acusada, según lo dispone la ley, ante el Juez de Paz del Partido. Nada le pido “alrededor de mi nombre”, pero creo que puedo pedirle haga respetar la ley electoral, pues lo que ha hecho la Municipalidad es tan grosero, que dudo mucho encuentren medio de defenderse y salvar las responsabilidades  en que han incurrido, naturalmente, si  se aplica la ley tal cual es, sin tener en cuenta lo que seguramente dirá “La Nación”.

Como noticia y sin pretender “que se libre una batalla alrededor de mi nombre”, le contaré lo que hace el Comisario conmigo. No omite medios para hacerme desacatar. Me manda vigilantes ebrios con revolver en mano, para que me provoquen, y so pretexto de que yo asilo individuos cuya captura recomienda la Policía, me manda al oficial a mi casa, y yo permito que la registre, no encuentran lo que buscan y no obstante, vuelven una y dos veces  más tarde, porque tienen nuevas denuncias.

Francamente si no fuera mi educación y medio social en que actúo ya sería un Juan Moreira. Así me explico por qué tanta gente humilde pero buena se hacen criminales: los hace la policía.

Por fórmula le di cuenta al Jefe de la Policía de la agresión del vigilante, y digo por fórmula, porque para entre nosotros dos, estoy convencido y tengo mi razón, que tratándose del Comisario Lasalle, el Jefe no quiere ver faltas lo que indudablemente favorece y satisface los deseos del Dr. Obligado; supongo que esto será alta política,  y seguramente yo no la entiendo. Eso ha de ser.

En fin, mi querido doctor, esto no es reclamo, es como le digo, simple noticia, para que considere lo que harán con los demás electores antimitristas, que no tienen un diario grande para defenderse. Como le ofrecí en mi última visita, nada le pido, quiero únicamente que se de cuenta con su claro criterio, que mientras “La Nación” lo aplaude, aquí gimen y padecen, y que mientras sus autoridades en su mayoría las componen intrusos, los vecinos radicados de veras, que viven todo el año, creen  si n excepción que la culpa de estos males solo la tiene el Interventor. Con el particular aprecio de siempre me despido y me repito su affmo. y atto. Fernando Cordero.”

Volviendo a la carta del Intendente, siguen las preguntas:

3- ¿Hay posibilidades de que las elecciones se transfieran para otro día?

4- ¿Deben permitirse mascaradas y bailes de disfraz? Esto es en el caso de haber elecciones y al mismo tiempo carnaval.

Le ruego se digne aclararme estas dudas y tan pronto como le sea posible por estas razones de conveniencia pública:

1° Si no debe haber fiesta hacerlo saber con anticipación a los comerciantes para que no entren en preparativos y gastos que luego redunden en perjuicio para ellos; y 2° que en caso de haberla, tomar desde ya la autoridad las medidas necesarias, como en otros años, para mejorar el lucimiento y orden, por medio de comisiones de vecinos que se nombran generalmente.

Espero que se digne decirme si en las altas regiones hay algo resuelto sobre el particular y con motivo del Estado de sitio, así como su opinión sobre los puntos consultados para sujetar a ella mis procederes. Soy siempre su amigo afmo.”

Usando la misma confianza, el Interventor López contestó de inmediato por telegrama lo siguiente: “El Interventor no es adivino para contestar irrevocablemente las preguntas sobre hechos futuros que Ud. le dirige en su carta del 13 del corriente.

Habrá carnaval y corso en esa no obstante ser el 4 día electoral,  Dios mediante. El estado de sitio y el carnaval no son del todo incompatibles. No es imposible que las elecciones se transfieran  a otro día, pero es probable que no se transfieran. Los bailes y las máscaras deben permitirse dependiendo todo de la moderación de los organizadores y de las máscaras. Sobre Ud. la responsabilidad autorizando el programa del próximo carnaval de San Fernando y esperemos todos que no lo desbaraten los hombres,  o Dios,  con una lluvia torrencial;  en cuyo caso lo mejor sería consultar previamente el barómetro en vez de al Interventor. su amigo afectísimo.”

El asunto quedó cerrado también para el intendente, que contestó el martes 16 de enero de 1894…”A otra cosa. No va a ser largo. Recibí anoche su telegrama y hoy empiezo a ocuparme del asunto carnaval nombrando la comisión que ha de correr con la fiesta. Pero sobre este asunto tenemos que hablar tete a tete y lo haré uno de estos días visitándole en el Tigre.

Vaya preparándose para auxiliarme en esos días con elementos policiales de esa si queremos tener la fiesta en paz. Ya le diré por qué.

Pese a los temores del intendente Núñez, aquellas fiestas de Carnaval transcurrieron en paz y  su ejemplo se extendió a Buenos Aires. El 9 de julio de ese año 94 se inauguró la  avenida  25 de Mayo,  y en 1900  comenzaron a reunirse  los corsos que todavía existen..

Pero en materia política, aquella semana de  carnaval  fue casi como una tregua. El  domingo siguiente, 11 de Febrero hubo elecciones para gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Después de hacer una alianza en el Colegio Electoral, llegó a la gobernación el doctor Guíllermo Udaondo, mitrista, vecino tigrense como Lucio Vicente López y como vicegobernador a un caracterizado vecino de  San Fernando,  el general José I. Arias, pellegrinista, que fue gobernador en mayo de 1910 y falleció  ejerciendo el cargo en 1912 en la ciudad de La Plata.

Durante aquella intervención, el Dr. Lucio Vicente López descubrió una maniobra relacionada con la venta fraudulenta de tierras en el actual Partido de Chacabuco, por parte del secretario privado del Ministro de Guerra Luis María Campos. Me refiero al  coronel Carlos Sarmiento. Al salir de la cárcel, Sarmiento lo retó a duelo en público, y López,  que no sabía mucho de armas  -pero sí de honor-   aceptó. El 28 de diciembre de 1894, por la mañana, tras un primer intento sin aciertos, una bala le atravesó el hígado y los intestinos, poniendo fin a su vida.