De la Región y Origen del Pueblo de Tigre

Por Héctor A. Cordero Banegas


I

Hace 500 años los cambios generales más frecuentes y profundos en la geografía y en las especies, se producían por cataclismos, convulsiones atmosféricas, pestes. Aunque no lo podarnos comprobar a simple vista, todos sabemos que nos hallamos en permanente movimiento transformador.
Donde hace millones de años existía un mar, los restos fósiles de su fondo pueden hallarse en la cima de una montaña, y donde hace miles de años se levantaban ciudades, hoy se extienden desiertos, florecen bosques, o sus ruinas se hallan en la profundidad marina o de la Tierra. La naturaleza no permanece quieta; como en un cataclismo silencioso, se producen mutaciones activas, permanentes, constantes. Todo se renueva. Pero la vida florece en cada amanecer, a veces de entre las ruinas de su propia destrucción. En la actualidad los seres humanos apresuramos una contaminación cuyas consecuencias son imprevisibles. Ojalá se cumpla el esperanzado amanecer.

El lugar geográfico donde nos encontramos no siempre fue como lo vemos, ni lo será en el futuro. En la Cartografía, los mapas, las cartas y otras constancias históricas lo van indicando.
Antes que el navegante Sebastián Gaboto explorara entre 1526 y 1530 los ríos Paraná y Uruguay, la mesopotamia argentina se ignoraba. Sólo sabían del territorio sus primitivos habitantes. Al cartógrafo Diego de Ribero debemos el primer diseño del Paraná y regiones aledañas. Alvarez, piloto de la expedición de Gaboto, al regresar a Sevilla en noviembre de 1528, le facilitó un esbozo de dicho río, trasunto de las exploraciones del navegante nombrado. Al año siguiente Ribero lo trasladó a su planisferio español. En el Planisferio Weimar (1529), en el de Roma y en el diseñado por Gaboto, publicado en 1544, muestran los ríos de la vasta región explotada. Los dos primeros indican en su trazado las designaciones “Río Negro”, “Río Uruguay”, “Río Carcarañá”, “Río Paraná”, “Rio Epeti”, “Río del Paraguay”; el de Gaboto con un mérito más: haber agregado los nombres de algunas tribus, que -a juicio de Guillermo Furlong S.J.1- marca una fecha en la etnografía argentina.
En el plano esférico de Gaboto, y en otros mapas del siglo XVI, aparece el Paraná diseminado de islas.
La cartografía antigua exige el conocimiento de un profundo entendido para desentrañar el enmarañado entrecruce de líneas y marcaciones de su trazado. Estudiosos como Raúl Alejandro Molina, nos proporcionan valiosas informaciones. Uno de sus trabajos nos ha incitado a ocuparnos del tema 2.

Fundamenta una teoría vinculada a los ríos Paraná y Luján. Sostiene que si en el plano del cartógrafo Gaspar de Viegas (1534), si se observa con detenimiento la parte correspondiente a la desembocadura del Paraná, se verá la demarcación de una serie de islas paralelas que señalan la línea divisoria con el río de la Plata. También que los mapas de las tierras del Delta y grupo de islas de la desembocadura del Paraná -con mención de algunos ríos con nombres aborígenes, y europeos después- aparecen en años posteriores a 1530.

En el portulano o atlas de Deliens. (1541-42) por primera vez se cita a los indios quiloazas, que ocupaban parte del posteriormente territorio de Santa Fe; a “Corpus Christi”; “Río Guaranis” y “Lujam” (con “m”).
Este nombre que el autor repite en un segundo plano (1550), pensamos que nada tiene que ver con el de un capitán de apellido Luján, supuestamente herido en el combate entre hombres de la armada de Pedro de Mendoza con los querandíes. Es una leyenda. A nuestro juicio el nombre del río se debe a una parcialidad guaraní de la región.

En el documento donde consta la tercera entrega de suerte de tierras realizada por Garay -después de fundar la Ciudad de la Trinidad Puerto de Buenos Aires- el nombre se repite escrito “Luxan”, referido al de la parcialidad mencionada.
Otras menciones del plano son: “palmas” -que después determinará Las Palmas y los “querandos”, por Querandíes, otra agrupación de los guaraníes. Estos en un principio recibieron muy bien a los que llegaban, pero ante las exigencias y crueldad con el trato dejaron de llevarles alimentos. El primer Adelantado dispuso darles un “escarmiento”, y mandó contra ellos una fuerza armada. Resultó una matanza. No dieron escarmiento. Al contrario. Los querandíes sitiaron el campamento, incendiaron las chozas de los europeos y éstos sufrieron las terribles consecuencias de una hambruna.

Cuando lograron escapar, se alejaron aguas arriba del Paraná en busca de comida. Las mujeres que llegaron en la expedición superaron a los hombres por el espíritu y coraje con que afrontaron los males.

En agosto de 1537, en tierras del río Paraguay, fundaron lo que después sería la Ciudad de Asunción. De ella salieron años más tarde las expediciones fundadoras al mando del capitán Juan de Garay; primero para fundar Santa Fe (15 de setiembre de 1573), y después la Ciudad de la Trinidad Puerto de Buenos Aires, el 11 de junio de 1580.
Garay eligió a los más aptos para cumplir su enorme tarea: los hombres y las mujeres de las primeras generaciones de europeos y guaraníes; criollos, mestizos y gente de la misma tribu. Grandes conocedores de la tierra, el río, y sus habitantes.

II

Poco conocido es el hecho de que unos cinco años antes de la llegada del primer Adelantado al río de la Plata, sucedió algo que debió determinar al Rey Carlos I a mandar la Armada al mando de Mendoza. Un navegante portugués había recorrido la costa noreste del río y tratado con sus habitantes: Pero Lopes de Souza, a quien acompañaba su hermano Martín Alonso. En alguna medida violaron el tratado de Tordesillas 3 firmado unos cuarenta años antes por el Papa, los reyes de Castilla y Juan II de Portugal. Por ese tratado se acordó la línea demarcatoria jurisdiccional de las tierras que uno y otro reino conquistaron.
Lopes de Souza dejó un Diario de Navegación 4dando cuenta de su viaje por el río de la Plata e islas del Paraná. Quince años antes una expedición al mando de Juan Díaz de Solís, navegó por el inmenso río, del que sólo quedaron versiones orales; de la de Mendoza, el lansquenete alemán Ulrico Schmidel dejó un libro 5 con informaciones, -a veces fantasiosas-, como sus ilustraciones. Souza es algo más descriptivo. Da cuenta de su recorrido de fines de octubre a diciembre de 1530; se asombra al entrar a un “mar” muy grande; no era un mar sino un río. Bajaron botes y se dirigieron a la costa. No precisa el lugar. Dice sí, que las tierras eran “altas y llanas”6 , cubiertas de pastos tan altos que ocultaban un hombre.

Vieron animales. Venados; avestruces, que cocinaron y comieron; abundancia de miel y cardos de pencas, que su gente “se holgó en comer”.

Volvieron a las embarcaciones, y por la costa remaron hacia el norte. Como a dos leguas se encontraron con cuatro almadías, en las que remaban unos cuarenta aborígenes, de pie y con palas y remos muy largos -dice-, pintados y adornados con penachos. Pudieron comprobar asombrados que no les tenían miedo. Se acercaron y los abrazaron. Los portugueses continuaron viaje; otros guaraníes les hacían señas desde la playa, invitándolos a acercarse. Debieron recordar lo que se decía de Juan Díaz de Solís. Los nativos los miraban con interés: fueron hasta ellos en varias canoas y les llevaron pescado. A cambio de ese alimento -dice Souza- les dieron cuentas de colores y siguieron río arriba hasta dar con un brazo que iba al NO. La zona estaba cubierta de plantas y flores; fresnos y otros árboles; aves, garzas y avutardas, en tanta cantidad “que los matábamos a palos”, dice el navegante. Más al norte hallaron “cuervos marinos” (cormoranes); el 5 de diciembre vieron gente en la tierra, y el viernes 12 llegaron a la boca del río de los “Carindis” (querandíes).
El río indicado figura en el mapa de Hulsium (1599) 7 trazado de norte a sur, entre el de La Reconquista (que figura con el nombre de “R. de Caramagna”) y “Buenos Aeres”. Y como en otros planos de la época, más arriba se sitúa el “R de Luxan” (Luján), que se describe algo más largo que en el plano anteriormente citado. Después de un recorrido de ciento cincuenta leguas, desde el río que Lopes de Souza llama de los “Beguaia” (Gaboto escribe “Los Beghaes”), regresan a lo nave con que llegaron al Plata. Continúan la exploración. Antes, dice Lopes, que la tierra de los “Carindis”, a lo largo de la costa, es alta y llana en el interior; alude a las barrancas de la costa, al norte donde se fundará Buenos Aires.

III

Los mapas más antiguos señalan grandes diferencias comparados con los modernos y actuales. Las transformaciones geográficas y el mayor conocimiento de la región, determinaban descripciones topográficas acordes, sin llegar a coincidencias generales entre los cartógrafos de una misma época. Martínez Sierra dice 8 que el “Mapa de Magallanes” 9 -por ejemplo- constituye un error de magnitud, como en otros, “por lo desproporcionado del ancho que le asigna al territorio argentino, especialmente en las latitudes próximas al Río de la Plata”.
El mapa más antiguo de la región de Tigre que se conoce data de principios del siglo XVII. Se lo atribuye a un criollo, a un mancebo hijo de la tierra, como llamaban los primeros conquistadores a los tenidos con las mujeres guaraníes: Ruy Díaz de Guzmán (1558-1629). Nieto de Domingo Martínez de Irala, español de le conquista, casado con la hija de un cacique guaraní. Díaz de Guzmán, joven de poco más de 20 años, unía a su espíritu aventurero, como el abuelo y el padre, el sentimiento de amor al terruño heredado de la abuela materna y de la madre. Nacido en Asunción del Paraguay, recorrió estos lugares, trató a sus habitantes naturales; escribió el primer ensayo de una historia argentina (1612) y trazó el plano mencionado posiblemente entre 1600 y 1612.

Raúl A. Molina señala que las bocas de los ríos Luján y de la Reconquista, se hallaban situadas a dos leguas de distancia, y que ambos ríos desembocaban en el Paraná, -Paraná de las Pelmas, o Río Grande-, hecho que determinaba que e1 antiguo curso del Luján, difiriera completamente del actual. Afirmó su tesis en el plano de Ruy Díaz de Guzmán, en el estudio de los pleitos sobre propiedades de la tierra, entregadas por Garay en la región, y otros aportes, hasta la publicación de su trabajo en 1956.
El río Luján, corriendo entre O. y E., como el Reconquista, después de recoger sus aguas en cañadas, como la de Escobar, desembocaba directamente en el Paraná de las Palmas, para bajar del N. hasta el Plata. El recorrido de ambos ríos, según dibujos del autor, era breve, en relación con la extensión que fueron adquiriendo.
En nuestro pequeño libro sobre María de los Santos Sayas, nos hemos referido brevemente al asunto. Descendiente de Pedro Sayas de Espeluca, uno de los acompañantes de Garay, nació en Pilar, zona donde su antecesor recibió una suerte de estancia en la margen S. del río Luján. Para Molina, creer que las tierras fueron entregadas por Garay, comenzando desde Tigre, más que un error histórico es un “disparate” En esa época el Luján, por una boca independiente, desembocaba en un brazo del Paraná, casi dos leguas más arriba del Reconquista.
En la entrega de tierras que desde la ribera N. del Luján, hace Garay al Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, en el padrón correspondiente se lee “Luxan”: Otro sí, señalo para el Adelantado Juan Torres de Vera en el valle de Corpus Christi, que por nombre llaman del río de Luxan, en tierra firme, etcétera.
Y en el acta 10 de fundación de la Ciudad de la Trinidad Puerto de Buenos Aires (no dice “Santísima”, como se supo agregar después), al señalar las reparticiones de tierras que hace el fundador, “la fecha en el Río de las Palmas”; el 24 de octubre de 1580. Al lugar lo designa: “Valle de Santana”, y en la entrega número nueve, se lee: “Luego ha de empezar Pedro Fernández, de esta otra banda del Valle de Santiago, que por otro nombre, llaman los indios la isla de las Conchas, y a de poner de frente 300 varas de tierra”.
Más adelante, con la indicación “Río de la Trinidad”, leemos: “Otro si señalo por tierra de D. Domingo Martel de Guzmán desde la boca del Riachuelo de la Trinidad hasta el riachuelo de las Conchas, y ha de correr con otra suerte de adentro, legua y media”, etcétera.
Con lo dicho en estos escritos de 1580 y en los mapas citados, se ve que el nombre al riachuelo o río de las “Conchas”, no se lo impusieron los conquistadores ni los navegantes. El propio redactor del documento firmado por Garay, lo hace al expresar “como lo llaman los indios: Isla de las Conchas”.
¿La causa, la razón, el motivo? No lo conocemos. El nombre es una parcialidad guaraní. Y si se lo hubieran dado los europeos, conquistadores, navegantes o cartógrafos, ¿lo iban a recordar los aborígenes?
¿Tal vez una voz del tupí-guaraní, alterada al escribirla? Ha ocurrido con muchas palabras de lenguas autóctonas al ser vertidas al español.
La voz guaraní con que se designa a la cubierta dura del cuerpo de algunos animales, como el de la tortuga y crustáceos, es “Carapacho”. De imposible alteración con la expresada. Pero debernos recordar que el tupí-guaraní cuenta con más de sesenta dialectos según el lingüista Antonio Tovar. Lo cierto es que la voz “concha” referida al río, al lugar, a la región, se repite desde fines del siglo XVI del modo escrito.
En cuanto al nombre “Luján”, al entregar Garay a sus capitanes y a otra gente, parcialidades guaraníes con sus caciques, en el libro Primero de los Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, leemos en el documento correspondiente: “Como Capitán General y primer fundador y poblador” -lo que indica que no hubo otro fundador de la ciudad que él-, que entrega en segundo lugar al capitán Rodrigo Ortiz de Zárate, “el cacique Dicuimper, de nación Loxae, que por otros nombres se dice Oruculaguas, con los indios al dicho cacique sujetos”.

En esta mención ya no es al río ni a la isla, sino a la “nación”: nación Loxae, dice otro modo de escribir “Luján” es con eme (m) “Luxae” con x, y otras, que señalan siempre al grupo o tribu del mismo origen étnico, que comparten una cultura común. Los primeros europeos que llegaron a la región debieron oír el nombre Luján y según lo oyeron pronunciar lo escribieron. Mencionaba una parcialidad guaraní y con él, el lugar que habitaban, que por alguna razón que ignoramos, el nombre tal vez procedía de algo referido al sitio o zona, como era costumbre de esas tribus nómadas.

IV

En mapas del siglo XVIII se observa el avance de una franja del Delta ocupando las aguas del Paraná de las Palmas. Según Molina, desde fines del siglo anterior había comenzado “a cegarse, uniéndose la isla a la tierra firme, a través de los bañados y lagunas que dejaban el curso de un antiguo brazo, mientras el Luján, torciendo su corriente NO.- SE, se apropiará del cauce del brazo cegado transformándolo en propio”.
En unos doscientos años la serie de islotes que muestra el mapa de Díaz de Guzmán, fueron conformando esa parte del Delta, cuyo avance al SE., desde hace más de un siglo se estima entre 25 y 50 metros anuales.
En cuanto al río de la Reconquista, el mapa lo indica sin darle nombre. En el plano de Hulsium,11 aparece con el nombre “Caramagna”, de modo que el río figura Caramagna, después Las Conchas y actualmente Reconquista.
El jesuita inglés Falkner (1707-1784), recorrió el territorio extensamente entre 1737 y 1767, y estuvo en esta región. En un plano que fechó en 1737 indica al río “R. Conchas”. El delineado de su recorrido es corto, no así el Luján que avanza desde un punto sin nombre, algo más al O. que el citado, manteniendo la separación ya indicada en su curso y desagüe.
Cerca de diez años después que Falkner, llegó a Buenos Aires el naturalista español Félix de Azara (1746-1801). Recorrió y estudió gran parte del país. Había llegado con la misión de observar lo relacionado con los problemas de límites entre las posesiones españolas y portuguesas que a más de 200 años de lo acordado, continuaban los desentendimientos. Estuvo en esta región y en el plano levantado (1796) le dio al río el mismo nombre 12
Y bien, después de tan larga tal vez árida descripción, sabemos que sobre la margen N. del río de la Reconquista, -en las inmediaciones de su desembocadura- se hicieron algunas entregas de tierras desde 1580. En ellas se establecieron los primeros agricultores y pobladores del pueblo. Cultivaron trigo y maíz, preferentemente. Durante 200 años proveyeron de alimentos y leña a la ciudad. A veces con serios problemas con las autoridades, como lo indicamos en uno de nuestros libros sobre Buenos Aires 13. Se vendían y efectuaban trueques diversos. En 1584, el 2 de diciembre. Agustín de Salazar vende a Pedro Morán, unas “ciertas tierras -según documento firmado ante el Escribano del Cabildo y Público- que yo tengo y poseo cédula de Rodrigo Ortiz de Zárate, Capitán y Teniente de Gobernador (…); en el río de las. Conchas; que tiene frente quinientas varas, y de largo una legua(…), más un solar y una cuadra y una chacra y una estancia y un huerto”. Tierra -agrega- que con excepción de las del río de las Conchas, “el general Juan de Garay, había puesto en cabeza por su registro en el cual verán sus linderos en Juan Martín, mi hermano, y por no hallarse en disposición para asistir a la ciudad, le pidió y suplicó al dicho señor capitán y teniente de gobernador me hiciese nueva merced de ellas”. (Esta cita del nombre del río es anterior como vemos, a la del plano de Hulsium), Según se dice, su hermano, en nombre del rey, le había hecho merced “de todas las dichas tierras, que yo así como he dicho tengo y os lo vendo”.
Y, ¿en cuánto vendía esas tierras
Un largo documento registra la venta; extraña, pensando con suspicacia. Se efectuaba por medio de un trueque. La gente cambiaba sus cosas, lo que producía u obtenía por otros medios, por lo que más le convenía o necesitaba. En este caso, Agustín de Salazar cambiaba la propiedad por “una capa de raya medio traída 14 y unos calzones de lienzo nuevos, y más un jubón 15 de lienzo y mas un coleto 16 acuchillado”. Y para evitar dudas en el futuro, aclara: “todo lo cual me diste en cuenta y pago de todas las dichas tierras, de la cual capa, calzones, jubón y coleto me otorgo de vos por bien contento y pagado y entregado a toda mi voluntad”.

En la definitiva transacción, llega a renunciar “a cualesquiera leyes y fueros que hablan y pueden hablar en mi favor”17 Firma ante el Escribano Gaspar Quevedo y tres testigos.
El documento nos hace pensar, que a solo cuatro años de la fundación de la ciudad y de la entrega de tierras, se hablaba de huertos en estancias y chacras; que se vendían o cambiaban extensas tierras por ropas, algunas usadas y gastadas, calzones, jubón, coleto, y otras cosas. También que se trabajaba. Se trabajaba la tierra, tarea de guaraníes y esclavos, hombres y mujeres.
Otras ventas y trueques se realizaron. Podemos citar otro ejemplo. Juan Ortiz de Zárate, alcalde ordinario del Cabildo, el 25 de febrero de 1603, vendió a Antonio Bermúdez, “una suerte de tierra de tres cuadras y media en río de las Conchas”; lindaba con la chacra del propio Bermúdez y con la estancia de María Bracamonte.
Vende la propiedad con todo lo que hay en ella: entradas, salidas, usos, costumbres, servidumbre, y “libre de todo censo y tributo, venta ni enagenación, hipoteca, ni obligación, ni empeño, ni otro derecho” De todo se deja constancia, en largos y pesados detalles. Sin embargo, no impidieron riñas sangrientas ni pleitos interminables.
Ortiz de Zárate vende a Bermúdez sus tierras en cien pesos corrientes, “en reales ocho al peso, que por ella me ha dado e pagado, de que me otorgo por bien, contento, pagado y entregado a mi voluntad 18” etcétera.

V


No todo era venta, trueque, trabajo, riñas, pleitos; otras cosas sucedían en la ciudad de la Trinidad, fundada por Garay, y en la incipiente población adyacente a la desembocadura del viejo río de la Reconquista.
En el acta del acuerdo del Cabildo del 8 de diciembre de 1608 19, se presentaron ante el Escribano Cristóbal Remón, el Alcalde ordinario, los capitanes Manuel Fría y Francisco de Salas, con los regidores Víctor Casco de Mendoza y Anton Huigueras de Santana, a dar cuenta del cumplimiento de la comisión que les ordenaba ver la forma más conveniente de disponer sobre los rumbos que debía “llevar en las medidas de las chacras y tierras de (…) costa de la mar de esta ciudad y de todas las demás del río Luján y de las Conchas”.
Todavía la gente llamaba mar al río de la Plata. Consta en las actas del Cabildo. Los diputados informaron que consideraban que los rumbos a los citados ríos debían ser del Riachuelo de la ciudad arriba, de SE a NO desde la “costa de la mar”, y las del río de las Conchas el propio de la ciudad, que “es del NE y SE tierra adentro y por frente la costa de la mar, y así lo declaran debajo de su juramento y lo firmaron”.
Las medidas se tomaban debido a los pleitos que se producían entre los dueños o supuestos dueños de tierras, que ni el aumento de las penalidades detuvieron.
Mientras eso sucedía trabajaban las tierras, producían y cuidaban el provecho de sus cultivos. El Cabildo solía acceder a pedidos de ejidos en las márgenes del antiguo río de la Reconquista, para establecer eras o guardar ganado, como lo hizo en el acuerdo del 27 de julio de 1609 a solicitud de Álvaro Mercado.
El año anterior, en el acuerdo del 10 de junio 20, el Procurador solicita que por la mucha falta de molino que tiene la ciudad, por no contar con “ejido donde hacerlo, se imponga a Tristán de Tejeda, que tiene instalado uno en el río de las Conchas, y lo ha tenido y tiene despoblado de muchos años a esta parte (…), que en el término de seis meses debe poner en funcionamiento” A menos de veinte años de la entrega de tierras por Garay, se había instalado un molino, y dejado de funcionar. La necesidad de moler el trigo de la cosecha de 1609 determinaba la medida del Cabildo.
Ocultar la producción del cereal para eludir las excesivas exigencias fiscales, se practicaba en la colonia. El Ayuntamiento toma medidas para evitarlo. Nombra diputados para que inspeccionen las chacras de los pagos de Monte Grande -zona que después ocupó San Isidro-, y las de Magdalena, Matanza y de las Conchas. Debían verificar la cantidad de trigo que los chacareros cosechaban y cuánto transportaban a la ciudad. De la investigación realizada los diputados dieron cuenta en acuerdo de mayo de 1611.
En el pago de las Conchas se contaba con diecinueve dueños de chacras que producían. Cuando lo hacen el Gobernador Diego Marín Negrón está en la sala del Cabildo, preocupado por la “esterilidad” de la cosecha, y el mal que podía ocasionar la falta de pan en la ciudad. Ordena que a cada chacarero se le deje el trigo necesario para el consumo de la casa y de la siembra: “y el demás -dice el acta- que son mil fanegas tengan de manifiesto amasándolo el que tuviera forma en su casa” y que a los que amasaran el pan, se les pagará la tasa correspondiente.
Los guaraníes más dóciles, esclavos y siervos, araban, sembraban y cosechaban, siguiendo las órdenes del amo. Pero por esos años se produjo una peste en la que murió mucha gente. La epidemia causó grave daño. La ciudad sufrió por la falta de alimentos. Pidieron al gobernador la introducción de esclavos de África, para suplir la falta de brazos. El gobernador no estaba facultado para hacerlo; la introducción de esclavos se hacía de contrabando. De todos modos dispuso la iniciación del expediente de rigor, solicitando la autorización del Rey. Si el expediente estaba bien apoyado, con influencia en la corte podía dictarse una Real Cédula. A veces demasiado tarde. Las cosas eran así. Hoy no podemos decir que ha cambiado mucho en ese aspecto. La rémora de la colonia se mantiene, aunque vivamos en la era de los viajes espaciales.
Ese mismo año el gobierno tomó medidas de control con la cosecha del maíz; y se dispuso prohibir a los pulperos y pulperas, -porque había mujeres dueñas de pulperías-, que compraran harina para amasar pan y venderla en sus negocios. Sólo podía hacerlo en la plaza, pero previo pago de la alcabala correspondiente.

VI

Como hemos visto por la cita del Cabildo, el antiguo puerto y pueblo de Tigre, figuraba con la designación de pago en 1611. Un distrito administrado por el Gobernador y el Cabildo de Buenos Aires. El año indicado es anterior al señalado por don Enrique Udaondo con el carácter de pago.
En la historia de este pueblo, que publicara en 1906, dice que “recién en 1635 Las Conchas aparece como pago, pues ese año figura por primera vez en un documento oficial”. Año que hemos repetido en nuestro libro sobre San Ginés y en otros anteriores. Hoy sabemos que no es así. También que cuando Udaondo escribió su libro no se contaba con la posibilidad de acceso a la documentación, como hoy se tiene.
Hacia fines de 1500 y principios de 1600, a los cultivos de granos en las chacras, de verduras y frutales en las huertas, se agregó la tarea en el puerto, a poca distancia de la desembocadura del viejo río. El trabajo era intenso, en un tráfico de barcos entre las islas, Santa Fe, Asunción y la Banda Oriental. En 1600 Tigre, aparte de agricultor, era portuario; la población explotaba la pesca, maderas y frutos sus montes. En 1630 llegaron unos sesenta vascos, procedentes de Vizcaya. Se dedicaron a faenar carbón vegetal y comer ciaron con la ciudad. En carretadas conducían sus productos y los que aportaban los guaraníes: cueros, pieles, plumas, pescado. Se contaba con todo lo propio de un pueblo de ese tiempo y de otros: tabernas, pulperías, juego, alcohol, explotación, riñas, delitos, contrabando, gente de trabajo, holgazanes, inútiles, pendencieros. El gobierno trataba de contener los males que lo afectaban, especialmente los que al erario produce el contrabando. Pero carecía de medios. ¡Cuántos males nos llegan desde hace 400 años! ¡Y cuánta indolencia, incapacidad, inmoralidad…!  Pasarían muchos años antes que se estableciera una guardia o resguardo.
Algo se hacía. Como en todos los tiempos. En octubre de 1614 -por ejemplo- el Alcalde Orduñas da cuenta en el Cabildo, que ha cumplido lo que le ordenaran: averiguar el estado de los caminos y puentes. Informa que mandó abrir el de la ciudad de las Conchas, porque algunos dueños de chacras lo hicieron cerrar para mantener la integridad de sus tierras.
Las dadas por Garay, en la zona norte, como se sabe, se extendían desde la costa del río de la Plata, una legua hacia el O, en parcelas que desde la cercanía de la actual Plaza San Martín, en la Capital, llegaban hasta el límite entre San Isidro y San Fernando.
La población junto al puerto iba tomando valor, lentamente, al paso de la época. La labor en las chacras, el río, el monte, la caza, la pesca… el trabajo, le daban su importancia.
El -5 de mayo de 1614 el Gobernador interino Mateo Leal de Ayala, mandó al Cabildo una Real Cédula: Felipe II agradecía a Hernandarias -que en tres oportunidades había sido gobernador- haber aceptado ser Protector General de naturales de las Provincias del Río de la Plata. La Real Orden, estaba fechada el 5 de marzo de 1612; se retrasó el envío debido a la muerte “repentina” del Gobernador Marín Negrón, ocurrida el 16 de julio de 1613.
Negrón había llegado a Buenos Aires dispuesto a combatir el contrabando y otros males. No pudo cumplir con sus buenos propósitos. Se comprobó que su muerte “repentina” se debió a que lo envenenaron. A los beneficiados con el contrabando no les gustaba que llegaran gobernantes con innovaciones semejantes.
A Marín Negrón le sucedieron interinamente varios gobernadores, hasta que en 1615 el Rey designó a Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) por cuarta vez para el cargo.(*) Designado el 7 de setiembre de 1614, en marzo del año siguiente comenzaron en Buenos Aires los preparativos para recibirlo. En primer lugar alquilaron una casa cómoda y la arreglaron convenientemente.
El Cabildo quería distinguirlo y organizaron una fiesta popular. Tratan sobre el asunto en el acuerdo del 24 de abril de 1615.
Debió salir de Asunción o de Santa Fe, donde tenía su casa y vivía con su mujer, Jerónima Contreras -hija de Juan de Garay- hasta el puerto de las Conchas (Reconquista). Los cabildantes se ocuparon para que se lo recibiera del mejor modo posible. Nombrando diputados para hacerlo, a los capitanes Francisco García Romero, Pedro Frías y Pedro Rodríguez Cabrera; para el adorno del puerto, al alguacil mayor de la ciudad. Debía hacer preparar una enramada: desde el lugar donde atracaría el barco hasta el camino de la ribera. Allí lo esperarían los llegados de la ciudad, con sus caballos y carruajes, y regresarían en comitiva.
Dificultoso viaje, precedidos de un baquiano, porque el camino se abría entre montes, pantanos y pajonales, aparte del posible ataque de indios de la tribu guaraní que ocupaba la zona, que fue después dominio del famoso cacique Carupá.
El pueblo de la Ciudad de la Trinidad Puerto de Buenos Aires, recibió con alegría la- llegada de Hernandarias. Le ofrecieron “una comida y demás”.
En sesión del Cabildo del 27 de mayo se da lectura al titulo de Gobernador, y. dos días después, reunidos en el Fuerte -“que son las moradas de Hernandarias de Saavedra”, dice el acta- aceptaron el nombramiento de Teniente de Gobernador dictado en favor del capitán Pedro García Arredondo.
Hernandarias fue el primero y único gobernante del país, en toda su historia, que llegó y desembarcó en el antiguo y desaparecido puerto de Tigre, para asumir el gobierno por cuarta vez. Un criollo de la época colonial que llegaba del norte del territorio.

VII

Desde la fundación de la ciudad, Juan de Garay se interesó por el talado indiscriminado de los árboles, y tomó disposiciones para evitarlo. Desde entonces se fijaron penalidades con el mismo fin. Ha sido inútil. A veces hasta algunos gobernantes comentan ese daño.
El gobierno promovió una medida desde el Cabildo que dio excelentes frutos en Tigre y en el Delta. Consistió, nada menos que en la introducción del duraznero en el país. En el acuerdo del 17 de junio de 1616 se dispuso que se compeliera a los chacareros y estancieros, la siembra de “huesos (carozos) de durazno”. Los fundamentos de la obligación: ser árboles que con brevedad crecen y son buenos para leña. Se encargaba al capitán Mateo Leal de Ayala, visitador de caminos, la provisión de todo lo necesario. Un siglo después los montes de durazneros se extendían abundantemente pródigos en toda la ribera norte de la ciudad de Buenos Aires. En los después partidos de San Isidro, San Fernando, Tigre e Islas, llegaron a estar al alcance de la mano de quien quisiera tomarlos. Facilidad que llevó a cometer destrozos, por lo que las autoridades debieron tomar medidas 21.
También se propusieron para evitar al contrabando y los sucesos de gravedad que ocasionaban, pero pasó un siglo y medio de la llegada de Hernandarias para que se estableciera una guardia. Según el coronel ingeniero Pedro Andrés García, comisionado para dar un informe del estado general de estos pueblos 22.
El Primer comandante militar de Tigre fue Juan de Robles (1764); pero desde 1750 el pueblo tuvo los auxilios de la religión, con algunos frailes franciscanos. Diez años después construyeron una capilla en la cercanía de la iglesia actual, y en 1770 el Obispo Dr. Manuel Antonio de la Torre, dispuso erigirla en parroquia. Inició su misión corno teniente cura el Pbro. Dr. Domingo de Pessoa y Barragán.
Enrique Udaondo dio a conocer en su libro la lista de las autoridades, como la de los Alcaldes de la Santa Hermandad (1773); en primer término: Juan Agustín Rodríguez 23.
Al principio de esta exposición dijimos lo que todos sabemos: la vida es movimiento. Desde su origen, la Tierra geográficamente va cambiando, como el ser humano y el resto de las especies animales, vegetales y minerales. Pero en el hombre se distinguen caracteres que permanecen inalterables a lo largo de los tiempos. Son los que nos llevan a decir que “el hombre es siempre el mismo”.
Mas Dios le ha concedido facultades que ha desarrollado permitiéndole adquirir lo que hasta hace algunas décadas eran sueños inalcanzables. Pero en su esencia, el hombre de fines del siglo XVI y principios del siguiente es el mismo que el actual. Y lo será en el siglo a cuyo umbral nos acercamos. Sólo la locura de una explosión nuclear puede producir mutaciones inimaginables. Varía sus costumbres, sus procedimientos y valoraciones, pero no cambia las características que lo distinguen, desde que comenzó a luchar para sobrevivir, salvo morfológicamente.
No hace mucho tiempo vimos algo en la televisión que vamos a recordar para una comparación. Por la televisión veremos lo que ni siquiera intuimos, como aquella que más que ver, nos permitió asistir al descenso del hombre en el suelo lunar.
Lo que queremos recordar tiene que ver con la vida de algunos seres humanos. Una mañana de otoño soleada, del lado norte del puente que cruza el viejo río, a la altura de la calle Victorica y Liniers, un periodista, micrófono en mano, esperaba a una mujer muy atractiva, bien vestida y de andar sensual que se acercaba. La abordó decidido al cruzar la calle. La joven se detuvo. Comenzaron a hablar. La mujer se quejaba que no la dejaban trabajar. Policías y civiles la hostilizaban impidiéndole su actividad en la Ruta Panamericana. Aludía a sus derechos, los de su vida privada; se defendía con inteligencia, y afirmaba que contaba con la comprensión de sus padres y hermanos.
Pasó el pantallazo. Nos quedamos pensando. La mujer era un travesti. Miles de personas habrán dicho seriamente de “las cosas de estos tiempos”. Otros no debieron darle importancia. Seguramente. Las imágenes pasaron y se alejaron perdidas con el sonido de las voces.
En la misma zona hace algo más de 200 años se dio un caso similar. Manuel Gutiérrez, comandante militar del antiguo puerto, con fecha 17 de julio de 1771 se dirigió al Virrey Vértiz24, informándolo y pidiendo orden para proceder respecto del vecino Andrés Chaparro, que tenía preso en el cepo. Explicaba la causa de su proceder: desde dos o tres años atrás andaba con traje de mujer. Lo hacia sirviendo de guarda en diferentes casas del puerto. La condición de guarda en las casas de familia, era propia de una mujer encargada del cuidado de la servidumbre femenina.
El comandante le informaba al Virrey que, como decían que Chaparro era hermafrodita, lo hizo reconocer; si lo era, lo obligaría a vestirse “con el distintivo de ambos sexos”. No lo era. Se descubrió no tener de mujer cosa alguna, sino de hombre como cualquiera. Por esa razón -agrega en el informe- y para evitar inconvenientes. “lo tengo en el cepo hasta que V.S. se digne ordenarme lo que debo ejecutar”.
Le parecía que el reo no procedía con malicia, sino con simplicidad; contaba 22 años y se había criado en el lugar sin haberse hallado “el más leve indicio de desarreglo en su manejo”.
Vértiz le contestó en la misma fecha. Le ordenaba que lo sacara del tormento y lo reprendiera “por un delito tan feo”, que de no ser por la simplicidad de su proceder, “merecería el castigo más severo”. El comandante lo reprendió y expulsó de su jurisdicción, con la advertencia de que “en caso de incurrir en esa fealdad se le aplicaría la cadena con el distintivo correspondiente”.
Extremada condena nos parece para una “fealdad”, que ya lo era la sola amenaza de colocarle la cadena con el distintivo de ambos sexos, lo que nos indica que el caso recordado no era el único en el siglo XVIII.
Pasan 200 años y en la misma zona del pueblo se produce un caso similar de travestido, entre tantos otros. Mas nadie se interesó por eso, salvo el periodista, pero por otras razones. Hoy no se pone en el cepo a nadie porque se vista con ropas del otro sexo, ni se lo destierra, ni amenaza con colgarle un distintivo. Se venden ropas unisexual, y las usan indistintamente el hombre y la mujer. Los tiempos han cambiado en lo referido a la conducta del individuo; a la conducta de cada uno y a la valoración que el otro hace de ella. Pero la complejidad de la sociedad actual es desconcertante; algunos se preocupan y temen; otros sonríen y avanzan sin darle importancia alguna; avanzan o se detienen en un mundo de hechos imprevisibles. Esperemos que sea el posible mundo de la dicha en la libertad y la justicia, como jamás se imaginó.

VIII

Tenemos que volver sobre nuestro tema, el referido a la fundación u origen del pueblo de Tigre. Don Enrique Udaondo, primer historiador del Partido, dice que es “de mediados del siglo XVII”; más adelante, en su mismo libro, agrega “que es un punto oscuro, y es tal vez un error en darlo en el año 1676, como figura en todas las obras (…) sobre la base de “un documento hallado en 1854”, que lo fijaba en el año mencionado y porque se lo llamaba pago, juicio con el que se podría remontar la fundación a 1635, pues en ese año, otro documento lo llamaba del mismo modo. Y termina diciendo: “la fecha exacta de fundación no ha podido encontrarse” y por lo que se conocía, “el origen de este pueblo se remonta a los tiempos primitivos de la colonización del Río de la Plata”.
A nuestro juicio esto es lo cierto, no la fecha en que se lo denominó “pago”, porque en realidad, esa denominación es de 1611, como lo hemos indicado al principio.
Lo sucedido con la fundación u origen de Tigre es lo mismo en San Isidro, San Fernando y centenares de pueblos de nuestro país: no fueron fundados, en el sentido político-jurídico correspondiente. Se originaron por causas diversas: una entrega de tierra, un fortín, un puerto natural, una capilla, una estación ferroviaria. Algunas personas, con las mejores intenciones han creído hallar lo inexistente: el documento de fundación.
Para completar lo que comenzamos diciendo, debemos mencionar un plano del primer tercio del siglo XVIII, presentado por Molina, que se conserva en el Archivo General de la Nación, muestra el avance de una franja del Delta ocupando las aguas del Paraná, dejando cauce al Luján, desde dos leguas más arriba, hasta la desembocadura del Reconquista. En este lugar, con el nombre “Gran Paraná” el río se extiende ampliamente hacia el N. SE.. El mapa de Díaz de Guzmán solo muestra en la región una serie de islotes, lo que indica que al paso de dos siglos me fue formando esa parte del Delta.
Los ciento treinta años transcurridos desde la llegada de Garay, hasta el gráfico mencionado, es muy escaso tiempo si se admite que las islas, influenciadas por el Paraná, se fueron formando desde el NE al SE en el transcurso de 6000 años25.
En el trabajo de Molina sobre las transformaciones geográficas experimentadas en el cauce del Río Luján y la región, no menciona un mapa fechado en 1827. Conservamos una copia. Nos la fue obsequiada por el fecundo historiador de la época colonial, el jesuita P. Guillermo Furlong Cardiff, en una visita que nos hizo en 1978. El mapa fue un hallazgo que Molina no debió conocer. Lo trazó el sacerdote Bartolomé Doroteo Muñoz26, muerto en Buenos Aires en 1831. Estudioso de las ciencias naturales, reunió varias colecciones de especies que formaron la base del Museo de Historia Natural creado por el Primer Triunvirato (27 de junio de 1812). Encabeza su mapa con un largo titulo: “Confluencia armoniosa de los grandes ríos Paraná, Uruguay y Negro, cuyos copiosos desagües forman el caudal principal del majestuoso Río de la Plata”.
Tiene entre otros, el valor de demostrar la veracidad de la tesis de Raúl A. Molina sobre las modificaciones fundamentales en las zonas fronteras del Delta de la primera sección.
Muestra islas, bañados y corrientes de agua, con nombres que en parte se mantienen, y el curso del Luján cambiado y extendido, en relación con los primeros gráficos que lo registran. Desde la “Cañadas Saladas”, como a unos sesenta kilómetros más al O de la villa de Luján, avanza en vueltas pronunciadas y serpenteantes; pasa por un “Gran Bañado” a la altura de “El Cazador”, recibe el aporte de un arroyo -brazo del Paraná de las Palmas-, baja bruscamente hacia el SE, y desagua muy cerca de la boca del río de las Conchas (Reconquista), ante el cual se extendía, un siglo atrás el “Gran Paraná”, o “Río Grande”, etcétera.
Frente a la desembocadura de ambos ríos, desde la Boca de las Palmas, al N., los primeros planos mostraban al Paraná; en el de Muñoz (1827), figuran siete islas, y al N.SE. un “Gran Banco de las Palmas –formaciones por acumulación de sedimentos- que desde la Boca del Moran y Boca de las Palmas se extiende al SO., algo más allá de la desembocadura del entubado Arroyo Maldonado”.
La transformación topográfica experimentada en la amplia región era enorme. El viejo río de la Reconquiste se había extendido más al O de Merlo, con aportes de la Cañada de María, Cañada de Barragán, Laguna de Durazno, y desde el S. el arroyo Morón. A más de 160 años del plano de Muñoz los actuales ofrecen otra realidad, Todo se transforma.
Pero en 1600 el plano de Ruy Díaz de Guzmán nos indica un sitio que nos interesa señalar: La Punta Gorda. Este lugar geográfico aparece por primera vez en un plano. Es el más alto desde la costa S. del río de la Reconquista al norte. Se halla situado a diez metros sobre el nivel del mar; desde la hoy calle ltuzaingó declinaba hacia el N en una amplia extensión fangosa, hasta más al S. de donde se abrió el Canal de San Fernando.
A esa Punta Gorda el Pbro. Dr. Manuel de San Ginés, llega desde la parroquia de Tigre, a fundar una capilla en 1802, la de Santa María de Aránzazu. Con ella lo hizo del pueblo, que se llamó con el nombre de la virgen o de la Punta o Punta Gorda. Años después, en 1806, el virrey Rafael de Sobremonte dio nombre y carácter oficial a dicho pueblo, al disponer la construcción de una nueva iglesia y la iniciación de la excavación de un Canal o puerto.
Respecto del origen de Tigre -de Las Conchas durante 350 años- entendemos que el pueblo y su puerto natural se originaron, crecieron y desarrollaron, sin haberse dictado ni proclamado fecha de fundación. Pero su origen lo dispone el propio Juan de Garay, cuando hace las reparticiones de tierra que indicamos al principio, que fecha en el río Paraná de las Palmas, el 24 de octubre de 1580.
Digamos ya al final de esta extensa exposición, que la designación de Tigre, dispuesta a mediados del siglo actual¨ en cambio de Las Conchas, se tomó del río de ese nombre, que, por otra parte, lo obtuvo a raíz de la cantidad de animales de esa especie que poblaban la zona en el siglo anterior. A comienzos de 1800 era sólo un arroyo, hasta que en 1820, debido a una gran creciente, se amplió considerablemente. En 1827 figura en el mapa de Muñoz con el nombre “Del tío”, de modo que en años posteriores se lo designó Tigre. También en la misma publicación, aparece por primera vez en un mapa, la ubicación del pueblo de San Fernando.
Los datos históricos aportados demuestran que la entrega de chacras y estancias, sus tierras -y guaraníes que habitaban la zona- no quedaron abandonadas, se cultivaron, y sus frutos abastecieron a la ciudad durante siglos.
De modo que estamos celebrando, los 410¨¨ años del origen de Tigre, tan antiguo como la propia ciudad y puerto de Buenos Aires.
Tiene mérito por su antigüedad, pero más por haber sido un pueblo fecundo.

1 Guillermo Furlong Cardiff S. J., Cartografía Jesuítica. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Investigaciones Históricas, Bs. As., 1940.
2 Raúl Alejandro Molina, El curso de los ríos Paraná y Luján en la cartografía primitiva, en Revista “Historia” N° 4, Bs. As., 1940
3 El Tratado de Tordesillas puso fin a una serie de conflictos originados por una bula papal que otorgaba a España todas las tierras que descubriera al O. de la línea imaginaria de polo y a 100 leguas al occidente de las Islas Azores. La decisión del Papa Alejandro VI, requerida por los Reyes Católicos, provocó la protesta de Portugal, y el Tratado se firmó en el municipio de Tordesillas (España), el 7 de junio de 1494. Por él se trazaba una línea de 370 leguas al O. de la isla occidental de Cabo Verde; España podría retener las tierras que ya hubiera descubierto, hasta el 20 de junio de ese año de .1494.
4 Pero Lopes de Souza, Diario de Navegación, con notas de Eugenio de Castro, Río de Janeiro, 1927.
5 Ulrico Schmidel, Viaje al Río de la Plata 1534-1554. Bs.As., 1903.
6 La palabra “pampa” aparece mencionada y explicada por el cronista jesuita José Sánchez Labrador en su libro Los indios pampas, puelches y patagones, y el autor de una Historia del Plata, que manuscrita, la entregó al sacerdote de su misma orden Gaspar Suárez, en 1767. Rodrigo Martínez Sierra, El mapa de la Pampa, T I, Bs. As., 1975.
7 Hulsium, Fragmento de “Nova et exacta delineatio americae a partir australis”; 1959. Lámina IV de la obra de Rodrigo Martínez Sierra, El Mapa de la Pampa. Bs. As., 1975.
8 Rodrigo Martínez Sierra, El mapa de la Pampa, T. I, pag. 112, Bs. As., 1975.
9 Mapa de Magallanes de Cardiel, 1751.
10 AGN. Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, T.I Libro II Años 1589-1590-1595-1606-1602, Bs. As., 1907.
11 Rodrigo Martínez Sierra, op. cit.
12 Lámina XXVI de la Colección de mapas, que contiene el citado libro de Martínez Sierra.
13 H. A. Cordero Banegas, El Primitivo Buenos Aires, Bs. As., 1978 y 1986.
14 Traída, voz hoy poco usada que significa gastado por el uso, en particular de las ropas.
15 Jubón: Especie de “campera” actual.
16 Coleto acuchillado: Vestimenta ceñida al cuerpo hasta la cintura y con faldones hasta la cadera; acuchillado, con aberturas semejantes a cuchilladas, bajo la cual se ve otra tela distinta.
17 Este documento que Manuel Ricardo Trelles transcribe en la Revista del Archivo, General de la Noción T. II, Bs. As., 1869, lo cita Enrique Udaondo en su Reseña histórica del Partido de las Conchas, en 1906.
18 Manuel Ricardo TrelIes, Registro Estadístico de Buenos Aires, t. citado.
19 AGN. Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, t. citado
20 Ibiden. Ésta y las citas siguientes de acuerdos del Cabildo figuran en tomo citado.
* Hernandarias, primer gobernante criollo de las Provincias del Río de la Plata, nació en Asunción hacia el año 1560, hijo de Martín Suárez de Toledo y de María Sanabria; adoptó el nombre de su abuelo paterno.
21 – H. A. Cordero Banegas, Manuel de San Ginés 1768-1825, Bs. As., 1968.
22 – Pedro Andrés García, Informe al Gobierno, 30 de enero de 1813, en la Revista Patriótica del Pasado Argentino, t. I, Bs. As., 1888.
23 – Enrique Udaondo, Reseña Histórica del Partido de las Conchas, 1906.
24 – Ibídem.
25 Informe de la XXXII Semana de Geografía, organizada por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, Bs.As., 1965.
26 En 1824 Muñoz trazó una Carta de la Provincia de Buenos Aires, en la cual, por primera vez, se indica en un plano el pueblo de San Fernando, Cfr Lámina XLVI, Ramiro Martínez Sierra, t. I, op. cit.
¨ Siglo XX (nota del Director de Publicaciones)
¨¨ Año 1992 (nota del Director de Publicaciones)