Cerviño y la revolución científico-cultural en el Virreinato del Río de la Plata

Por Celia Codeseira del Castillo

INTRODUCCIÓN:

Después del descubrimiento de América, Cristóbal Colón regresó a Europa en 1493. Pero ese acontecimiento le generó a la corona española un conflicto con Portugal.  Los Reyes Católicos tramitaron ante el Papa Alejandro VI una bula para asegurarse sus derechos sobre las tierras descubiertas.  Con ese documento el  pontífice les otorgó las tierras descubiertas al oeste de una línea imaginaria, trazada de norte a sur, y situada a 100 leguas al oeste de las Islas Azores.   Un año más tarde, por el Tratado de Tordesillas se intentó repartir el mundo descubierto entre ambos reinos de la península ibérica. De esa manera se reemplazaron las bulas papales de demarcación, y sin darse cuenta, los españoles traspasaron a sus vecinos lusitanos el derecho a explorar Brasil. Por esa razón,  una de las causas principales de la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, fue la cuestión de límites con Portugal por la posesión de la Colonia del Sacramento. Esa situación significó una amenaza para los dominios hispanos en el Río de la Plata.

Luego de la firma del Tratado de San Ildefonso, el 7 de octubre de l777, se puso fin a la larga lucha entre España y Portugal por la posesión de la Colonia del Sacramento[2]. Por ese pacto España quedaba con la Colonia, la zona de la Banda Oriental y las Misiones ubicadas en la orilla izquierda del río Uruguay. A cambio, debió entregar a los lusitanos la Isla de Santa Catalina y toda la parte del continente que años antes los portugueses le habían cedido por el Tratado de Permuta.  A raíz de esos conflictos limítrofes, un grupo de científicos arribó al puerto de Buenos Aires entre los años l750 y l780.  Integraban las comisiones[3] que debían demarcar las líneas divisorias de los territorios españoles y portugueses en el hemisferio sur. Una de ellas, de carácter  binacional, trabajó casi diez años sin llegar a determinar con exactitud los límites en dominios americanos. La guerra por la Colonia del Sacramento, que era un enclave portugués en la Banda Oriental,  demostró la importancia económica que revestían esas regiones.

Para poner fin a  la expansión territorial del enemigo, el rey Carlos III dispuso jerarquizar la gobernación de Buenos Aires y transformarla en Virreinato, dotándolo de una nueva organización administrativa y legal. Luego, las Ordenanzas de 1782, dividieron el Virreinato  en ocho intendencias y cuatro gobernaciones.[4]

Con motivo de practicar las demarcaciones antes mencionadas, se trasladó a  nuestro suelo el marino Pedro Antonio Cerviño quien se transformó en una figura relevante de nuestra historia.  Este trabajo se propone escudriñar la azarosa vida profesional del ilustrado español, que tantos servicios prestó en nuestro territorio con desinterés y patriotismo, y que inició tal vez sin proponérselo una revolución cultural en el virreinato.

De España al Chaco Austral:

Pedro Antonio Cerviño, nacido en Galicia, era hijo de don Ignacio Cerviño y doña Leonor Núñez de la Fuente. En algunos diccionarios históricos aparece como bautizado el 27 de octubre de l757 en la iglesia parroquial de Santa María de Moimeta, en Los Baños, provincia de Pontevedra.

Estudió en su tierra natal, y luego en la Academia de Matemáticas de Barcelona    donde se formaban los ingenieros militares.  Sabemos que llegó a Buenos Aires a la edad de 25 años, junto con su amigo el naturalista Félix de Azara. El 28 de diciembre de l78l fue designado geógrafo de la línea divisoria. Dos años más tarde fue destinado en la tercera partida de dicha línea divisoria.

Luego, acompañando al oficial de la Real Armada don Miguel Rubin de Celis, penetró en el Chaco Austral.  Fue a reconocer la calidad del hierro del meteorito caído en el denominado Campo del Cielo. Esa zona abarca miles de hectáreas,  tiene como epicentro una línea que comprende Otumpa, en Santiago del Estero,  y Parque del Cielo, en el Chaco. Es un depósito meteorítico de características únicas, con una antigüedad aproximada de  6000 años. En El Repertorio Americano[5] se relata que Cerviño y Miguel Rubín de Celis localizaron en 1783, una gran masa de hierro a 70 leguas de Santiago del Estero, en el Chaco. Era material ferroso puro y maleable en la fragua.  Contenía mucho zinc, razón por la cual, no se estropeaba estando a la intemperie. Para la mentalidad práctica la época, encontrar ese gigantesco meteorito significaba disponer de hierro, elemento indispensable para fabricar armas para las campañas militares.

Como complemento de sus expediciones realizó un interesante aporte a  la cartografía. Junto a Pablo Zizur realizó un viaje al río Paraná, y con Juan Oyarvide levantó una carta del río Uruguay desde el nacimiento hasta su desembocadura.

Luego de esa arriesgada exploración se radicó en Buenos Aires. Su casa, ubicada en la intersección de las calles Chacabuco y Rivadavia, fue sede de tertulias donde se reunieron destacados pensadores como Manuel Belgrano, Luis José Chorroarín, Juan José Castelli, y el Dean Funes, entre otros.

En l796 realizó con Azara una inspección en la línea de fortines bonaerenses, lo que favoreció la difusión de la geografía de la llanura pampeana. El mismo Azara, apoyado en las experiencias de Cerviño­,  redactó el Diario de reconocimiento de las guardias y fortines que guarecen la línea de frontera de Buenos Aires para ensancharla.

Antes de regresar para España en 1801, el brigadier de la Armada don Félix de Azara le dejó en custodia al Ing. Cerviño algunas cartas geográficas, manuscritos e instrumentos científicos.

Cerviño y el Consulado de Buenos Aires:

Carlos IV de España, por Real Cédula del 30 de enero de l794, creó el Consulado de Buenos Aires para satisfacer las necesidades de los comerciantes que lo venían solicitando desde l785. Esa institución debía resolver los pleitos mercantiles, proteger y fomentar el comercio y procurar el adelanto de la agricultura. El joven Manuel Belgrano fue nombrado secretario de esa institución.  Cerviño apoyó las ideas liberales y progresistas de Belgrano que se dieron en el seno del Consulado, presentando una exposición escrita desacreditando el monopolio y vertiendo conceptos que merecieron duras críticas de las autoridades metropolitanas.[6] Es decir, en el Consulado se formaron dos tendencias, los monopolistas que adherían a los postulados impulsados por los peninsulares, y los hombres jóvenes que adherían a ilustración liberal, llamados librecambistas.

A tal extremo llegó el encono de los monopolistas contra Cerviño por haber apoyado las ideas de Belgrano en un discurso en el Consulado, que el Prior de esa institución Don Martín de Álzaga pidió que se mandara a quemar el borrador.

Del análisis de las actas del Consulado surgen las tareas encomendadas a Cerviño. En primer lugar, se  pide al virrey Nicolás de Arredondo que ordene a Pedro Cerviño y a Joaquín Gundín sondear la costa del frente de la ciudad, desde la boca del Riachuelo hasta las Catalinas. También, presentar un proyecto para la construcción de un muelle.[7]  Asimismo, se  analizó el proyecto de muelle y plano de rambla a construir en Barracas, que eran muy reclamados por los vecinos.[8]  En el mismo documento, por sus servicios a la Corona Española, se ascendió a Cerviño y a Juan de Insiarte a la categoría de “Ingeniero de Estado”. Se ordenó que permanecieran en América con la obligación de levantar los planos de todas las provincias del virreinato.

Más tarde se retribuyó con seis onzas de oro a Cerviño, a Insiarte y Azara por la confección de un mapa general y cinco planos sobre la expedición al Río Negro.[9] Luego se les encargó practicar un relevamiento de la Ensenada de Barragán, y un sondeo para  levantar los planos respectivos por triplicado, percibiendo Cerviño e Insiarte $ 410 por su trabajo.[10]

Por último, junto con el  cartógrafo Juan de Insiarte compuso una carta esférica del Río de la Plata, con el derrotero marcado para dirigirse al puerto de la Ensenada.  Dicho mapa fue enviado al rey.[11]  En l80l el virrey Avilés requirió sus servicios para delinear el pueblo de la Ensenada, y en l805 el Consulado le encargó el plano de arroyo Maldonado.

Cerviño y la Escuela de Náutica:

Como consecuencia de la llegada de los científicos a las costas del Plata se despertó el interés por los estudios matemáticos. A fines de l77l, el Cabildo de Buenos Aires consideró oportuno establecer cátedras de aritmética, geometría, náutica y mecánica, aunque la idea no prosperó.

En l773, el agrimensor francés José Sourryere de Souillac, miembro de la tercera comisión demarcadora, propuso al entonces gobernador Juan José Vértiz la creación de una Escuela de Matemáticas, pero no obtuvo respuesta satisfactoria.  Otro marino, Rubin de Celis, sugirió crear una Escuela de Geometría, pero el proyecto no se concretó.

En agosto de l798 el piloto mercante Juan Alsina, que había instalado un aula particular de pilotaje, solicitó al Consulado la creación de la Escuela de Náutica. Belgrano aprobó la solicitud impartiendo instrucciones para que funcionara como la de Cádiz o La Coruña. La Escuela abrió el 5 de octubre de l799 en un sector del edificio del Consulado.  Belgrano redactó el Reglamento fijando que el principal objetivo educativo era el estudio de la ciencia náutica, proporcionando por este medio a los jóvenes, una carrera honrosa y lucrativa. También sería de utilidad para los interesados en el comercio, la milicia o  cualquier otro estudio.

Durante la carrera, que duraba cuatro años, se debía cumplir una serie de actividades prácticas en las embarcaciones. Los aspirantes debían ser españoles o criollos blancos, saber leer y escribir y presentar un certificado de buena conducta. Se impartían diariamente cinco horas de clase distribuidas en dos turnos: mañana y tarde.

Una vez creada la Escuela de Náutica, Cerviño concursó con Juan Alsina para optar al cargo de director, logrando el primer puesto con una remuneración mensual de l000 pesos.[12] Además dictó allí las cátedras de geometría elemental y práctica, trigonometría rectilínea y esférica, hidrografía, dibujo y principios generales de mecánica.

Los discursos pronunciado por Cerviño entre 1799 y 1806, manifestaron un espíritu abierto y liberal, contrario a los excesos del poder. Razón por la cual desde España, el Ministro de Marina e Indias de España, Don Francisco Gil y Lemos, desaprobó su nombramiento y además el establecimiento de ese instituto. En todo momento, Cerviño se dedicó a combatir las resistencias que provocaban sus iniciativas en el terreno de la enseñanza científica y técnica. Presentó su programa de renovación bajo una aparente defensa de la buena tradición y por lo tanto de los intereses de la religión. “En su discurso de 1806 (…) exaltó los avances del heliocentrismo, alabó a Copernico, a Kepler , a Ticho Brahe y al inmortal Newton”.[13]

Cerviño periodista:

El Ing. Cerviño complementó su actividad científica trabajando como redactor de “El Telégrafo Mercantil, Rural, Político e Historiográfico del Río de la Plata”, fundado por el militar y abogado extremeño don Francisco Antonio Cabello y Mesa. Ese periódico apareció por primera vez el 1º de abril de l80l y se publicó hasta el l7 de octubre de l802. Entre sus méritos figura el haber propugnado la expansión económica de nuestro pueblo, bajo un sistema de gobierno que no nos era favorable.

En septiembre de l802, comenzó a publicarse “El semanario de agricultura, industria y comercio” dirigido por Juan Hipólito Vieytes. Cerviño daba a conocer sus observaciones meteorológicas y los estudios que había llevado a cabo sobre el uso de los terrenos.  Con el seudónimo de Cipriano Orden Vetoño escribió sobre la distribución y deslinde de las posesiones rurales, ideas que fueron tenidas en cuenta por la Comisión de Topógrafos. El autor reconocía que por la difusión  de esos pensamientos, se habían instalado algunos establecimientos provechosos.[14] Finalmente, el Semanario dejó de editarse al producirse la segunda invasión inglesa en 1807.

 

Las invasiones inglesas y la Revolución de Mayo:

Con motivo de la primera invasión inglesa al Río de la Plata en 1806, Cerviño participó apoyando a Martín de Alzaga.  En l807, Cerviño fue designado comandante del Tercio de Gallegos, un regimiento de infantería compuesto en su mayoría por hijos de Galicia, que contaba con nueve compañías.  Por su destacada actuación se le reconoció el grado de Teniente Coronel.  Ese cuerpo vestía uniforme azul y blanco, collarín y faja roja, sombrero alto con plumas negras y rojas y media bota. El Tercio se destacó por su actuación recibiendo elogios del virrey Santiago de Liniers.[15]

Cerviño escribió un diario que fue transcripto fragmentariamente por Vicente Sierra en su Historia Argentina. Por ese autor conocemos que el punto de reunión de la Banda de Gallegos era el Hospital, la descripción del cuartel, la falta de caballos en general y todas las vicisitudes que refiere Cerviño como testigo presencial de los hechos.

Con respecto a su actuación en la gesta de mayo de 1810, sabemos que participó en el cabildo abierto del día 22, y que integraba el grupo saavedrista. Propuso que se formara una junta de gobierno de vecinos honrados, a elección del excelentísimo Cabildo, cuyo presidente podría ser el virrey. Además, sugirió que las ciudades del interior enviaran sus diputados. Al establecerse la Primera Junta de Gobierno, el 25 de mayo de l8l0, fue uno de los pocos peninsulares que se puso a su servicio.

En l8l3, el Segundo Triunvirato dispuso crear una Escuela de Náutica para la enseñanza de la matemática y de la arquitectura civil y naval, organismo que sería una continuación del que había funcionado en el Consulado. Figuró el nombre del Ing. Cerviño para ocupar la dirección del establecimiento. A pesar del interés de las autoridades,  la institución  no pudo abrir sus puertas.

Uno de los últimos trabajos de Cerviño fue el Plano Topográfico de la Ciudad levantado en l8l4, que fue grabado en Londres en l8l7 y que se conserva en la Biblioteca  de San Fernando.

La vida del ilustre marino se extinguió en la ciudad de Buenos Aires el l6 de mayo de l8l6, poco tiempo antes de la Declaración de la Independencia. Fue sepultado en el Convento de San Francisco por su pertenencia a la Tercera Orden Franciscana.[16]  En 1802 casó con Bárbara Barquín que, al enviudar, vendió el archivo documental de su esposo al historiador Pedro de Angelis.

A modo de conclusión:

El arribo de Cerviño, y el grupo de estudiosos que lo acompañaron, significó no solamente el aporte de sus conocimientos sino también la llegada de instrumentos astronómicos y geodésicos desconocidos en nuestro medio. Como consecuencia de la recepción del instrumental científico, Cerviño pudo confeccionar un mapa general de la frontera con Brasil y lo empleó en la copia de otros ejemplares que se enviaron a la Corte.[17] También se realizaron otras experiencias instalando un observatorio en la calle Hipólito Yrigoyen y Bolívar. Desde allí fue estudiado un eclipse de Luna y además se pudo determinar con exactitud la longitud de la capital del virreinato.

En marzo de 1802, Belgrano se refirió  a Cerviño con motivo de la entrega de premios en la Escuela de Náutica. Afirmaba que “las pruebas que ha dado en servicio de la Monarquía y del Estado, en obsequio de los particulares y de cuantos han ocupado sus talentos justificarían mi proposición, ya sabéis de su desinterés, su sabiduría y su aplicación manifestadas en esta academia…”

Después de analizar su obra, percibimos a Cerviño como un precursor en el tratamiento de temas sobre la educación y la cultura. Su idea rectora fue la fundación de escuelas y la enseñanza de las ciencias, con el objetivo de sacar del letargo a la juventud y prepararla para trabajar por el progreso del incipiente país.

Finalmente, destacamos que como intelectual apoyó el librecambio, en contra del monopolio fomentado por los peninsulares. Asimismo, que en la coyuntura independentista, ayudó a preparar el clima para el estallido revolucionario de l8l0.

 

Notas:

[1] Un adelanto de este trabajo fue presentado en la Primera Jornada Rioplatense de Historia de la Náutica. Instituto de Estudios Históricos de San Fernando de Buena Vista,  San Fernando,  6 y 7 de noviembre de 1998.

2 Ver: Juan Bautista Fos Medina. “Los conceptos de límite y frontera en el Tratado de San Ildefonso según Félix de Azara”. En: Prudentia Iuris, N° 74. Buenos Aires, Universidad Católica Argentina, Facultad de Derecho,  2012; pp. 141-176.

3 Así llegaron,  el matemático Diego de Alvear, el naturalista Félix de Azara, el Ing. Pedro Cerviño, el agrimensor Juan Alsina y el cartógrafo Andrés de Oyarbide, entre otros.

4 Otro antecedente directo de la necesidad de crear el virreinato está presente en el informe del fiscal de la Real Audiencia de Charcas, don Tomás Álvarez de Acevedo (1771). En ese documento solicitaba la creación de un gobierno autónomo, con sede en Buenos Aires, de igual jerarquía que el de Nueva España (México) y  el de Perú. Justificaba su solicitud por las largas distancias hasta Lima, que retrasaban y a veces impedían,  dar curso a los trámites judiciales y  a los actos de gobierno. Recordamos que el territorio se encontraba aislado del Virreinato del Perú,  del cual dependía la gobernación de Buenos Aires.

5 “Hierro meteorítico en el Chaco.” En: El Repertorio Americano, tomo III. Londres, Librería Bossange, Barthés y Lowel, 1827.

6  Miguel de Lobo. Historia de las antiguas colonias hispanoamericanas desde el descubrimiento hasta 1808. Madrid, Miguel Guijarro Ed., 1875; p. 108.

7 Marc Baldo Lacombe. “Filosofía Ecléctica, saberes útiles y ascenso de la burguesía en el Río de la

Plata 1767-1810”.  En: Margarita Menegus (Comp.), Universidad y sociedad en Hispanoamérica, grupos

 de poder siglo XVIII y XIX.  México, Plaza y Valdés, 2001; p.346.

8 “Acta del 22 de diciembre de 1794”. En: A.G.N., Consulado de Buenos Aires: antecedentes notas y documentos, Tomo I. Buenos Aires, Kraft, 1936; pp. 273-274.

9 “Acta del 14 de diciembre de 1798”. En: A.G.N., op.cit., tomo IV, pp. 329-232, [foja 142 del libro original].

10 “Acta del 16 de octubre de 1798”.  En: A.G.N., op. cit.; tomo IV, pp. 279-287, [foja 111 del libro original].

11 “Acta del 9 de septiembre de 1799”. En: A.G.N., op.cit; tomo IV,  pp. 238/247 [foja 189 del libro original]

12  José  Manuel Nuñez Seixas (Comp.).  La Galicia Austral: inmigración gallega en la Argentina entre 1799 y 1806. Buenos Aires, Biblos, 2001; p. 40.

13 Ofelia Rey Castello. “Presencia de los grupos gallegos en la vida de los países del Plata”.  En: NUÑEZ SEIXAS, Xosé Manoel (Comp.), La Galicia Austral: la inmigración gallega en la Argentina. Buenos Aires, Biblos, 2001; p. 48.

15 Miguel Navarro Viola y Vicente Quesada (directores). La revista de Buenos Aires; Historia Americana, Literatura y Derecho, tomo IX,  Buenos Aires, Imprenta de Mayo, 1866; p. 464.

16 También pertenecía a la Orden de Santiago desde 1755. En: Vicente de Cadenas y Vincent; y Emilio de Cárdenas Piera. Caballeros de la Orden de Santiago, siglo XVIII, tomo VIII. Madrid, Instituto Salazar y Castro-Ediciones Hidalguía, 1995; p. 86.

 

 

 

Fuentes:

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APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Cartografía realizada por  Pedro Antonio Cerviño

plano

Plano de unos terrenos sobre la margen del Riachuelo Biblioteca Nacional

 

 

Carta Topográfica de Buenos Aires – 1815

 

Retratos

Pedro Antonio Cerviño – Biblioteca Nacional

 

Pedro Antonio Cerviño  – 1775

 

 

Pedro Antonio Cerviño

 

Pedro Antonio Cerviño – 1810