CARLOS FEDERICO BARBARA. Militar y Periodista. Ejemplo de modestia republicana y de dignidad democrática

Por Héctor A. Cordero Banegas


Con motivo de cumplirse el centenario de la fundación del primer periódico que tuvo San Fernando, publicamos un trabajo sobre su fundador, su labor y pensamiento. Lo hicimos hace 17 años en el desaparecido diario “El Comercio”, tan polémico como levantado en defensa de las instituciones democráticas.[1]
EI primer periódico de San Fernando, es también uno de los pocos de su tiempo publicados en la Provincia de Buenos Aires. Lo fundó el Teniente Coronel Carlos Federico Barbará, nacido en Buenos Aires en 1828. Hijo del guerrero de la independencia del mismo nombre y de Dolores Manterola, creció y pudo ser testigo y conocer la vida y los sucesos del régimen de Juan Manuel de Rosas.


I El militar

Se inició en la carrera militar a los 23 años. Intervino en la batalla de Caseros, e incorporado a la Guardia Nacional de Infantería, estuvo en la defensa de Buenos Aires durante el sitio impuesto por el Coronel Hilario Lagos y el General Urquiza, sucesivamente. Capitán en 1858, marchó en el ejército de operaciones del sur, en la lucha contra los pampas. De regreso en Buenos Aires fue ascendido a Sargento Mayor Graduado (1858). Ocupó diversos cargos. Entre ellos en la Inspección General de Armas, en la Fiscalía militar y, Jefe de Detalle de la isla Martín García (1859), en enero de 1860 pasó a hacerse cargo de la Mayoría del regimiento n° 2 de la Guardia Nacional de Caballería, con asiento en San Fernando, de cuya unidad orgánica ejerció interinamente la comandancia. Se casó con Florencia Conesa y en segundas nupcias con Josefa Santos, en 1865. Posiblemente, tiempo después de conocer San Fernando debió radicarse en el pueblo, donde dejó una distinguida familia. Fue destinado nuevamente a fines del año siguiente a la Inspección y Comandancia General de Armas y a otras funciones, hasta que al estallar la guerra del Paraguay; el 20 de abril de 1865, marchó a las órdenes del General Emilio Conesa. Asistió a hechos de guerra en Corrientes. A fines del mismo año, enfermo, debió regresar a Buenos Aires. Obtuvo la medalla de Yatay, acordada por el gobierno de Uruguay.

Designado nuevamente en la Inspección General de Armas, volvió años después a la lucha contra las tribus del oeste de Buenos Aires. Dado de baja por irregularidades cometidas en la frontera (1869). Dice Jacinto Yaben que fue reincorporado en 1872 a la fuerza nacional encargada de sofocar la segunda rebelión de López Jordán, para volver a la disponibilidad en octubre de 1873.[2]

II. El periodista
El autor de “Biografías Argentinas y Americanas”, valioso libro del que tomamos notas, hace sin embargo algunas referencias sobre Barbará que mueven a dudas, y omite datos de importancia —como el de la fundación del periódico— seguramente por no conocerlo. El teniente Coronel Barbará fundó, dirigió y redactó “El Republícano”, cuyo primer número apareció el domingo 17 de noviembre de 1872. En cuanto a la salida a reprimir el alzamiento de López Jordán, ni siquiera la menciona en las columnas del periódico.
Señalamos la omisión del marino e historiador Yaben sobre la fundación del periódico, señalando que en esa omisión incurren también los autores de otras obras sobre el periodismo argentino. Y no es que “El Republicano” careciera de valor. Todo lo contrario.

En el artículo que publicamos en 1972 destacamos “la elevación de miras que los sustentaba. No fue —agregábamos— de los periódicos que aparecen y desaparecen porque sus iniciadores y sostenedores de pronto no tienen qué decir, o porque lo que dicen sólo interesa a una parcialidad, y esto tiene fin…; aparte de tener qué decir “El Republicano” lo ex presa sin recurrir a sofismas, ni sutilezas; tampoco con violencia. El lenguaje de “El Republicano” tiene el valor de su editor y director: el valor de la sensatez, de la reflexión, de la circunspección, propio de quienes tienen confianza en los principios que se sustentan en la fe de justicia y de la libertad que se defiende como medios efectivos de proyección social”.
Para el Teniente Coronel Barbará, para el periodista Barbará, “la prensa es a la vez el centinela avanzado del progreso y el control eficaz para contener en sus desmanes a los opresores de los pueblos”. Sabe que no siempre los que ejercen el periodismo cumplen dignamente con su deber, especialmente “desde que el dinero y la influencia han abierto para algunos el camino del cielo”. Estas reflexiones, publicadas en el primer número, concluyen sosteniendo que “un periódico que se consagra a la salud de la patria, al triunfo y consolidación de las buenas ideas, a la propaganda de la instrucción de las masas, jamás debe en primer término posponer por la especulación mercantil a los demás intereses nobles y sagrados que les están encomendados”.

El Teniente Coronel Barbará fue ejemplo de modestia republicana. Por su nacimiento y virtudes, no por sus riquezas de familia ni propias; sí por ser incapaz de acciones despreciables. Fue hombre de bondad probada. Como tantos otros militares de su tiempo —que en campaña usaban su poncho de carpa y cobija, y dormían con el maneador del caballo atado a la muñeca de una mano—, tenía en San Fernando un negocio de tienda. Se la conocía popularmente como la “Tienda de Barbará”, hasta que el 11 de mayo de 1873 le dio el nombre de “Tienda Republicana”. Los modos de vida, los conceptos para juzgar la conducta de los seres humanos en la sociedad, han cambiado. En aquellos tiempos el gobierno no podía pagar los sueldos de sus soldados, y los periodistas desempeñaban sus tareas por ideales de justicia y de amor a la república que amaban y servían. Esa concepción los llevaba a ejercer tareas que no eran las propias de la profesión. ¿Qué no todos eran así?; desde luego se daban excepciones.

III. El demócrata
Convencido de que el pueblo reclamaba la fundación de un periódico que sirviese de intermediario de sus intereses, afirmaba: “Nuestro programa: sostener los derechos del pueblo contra las violencias que en el desempeño de sus cargos cometen las autoridades. Con la constitución Nacional y Provincial en la mano, nos presentaremos siempre que se trate de violar el menor de sus artículos”. Estaba convencido que “Las constituciones de los pueblos libres son los mejores abogados de las libertades y derechos. En ellas y con ellas —decía— nos hemos de escudar contra los que pretenden falsear el voto libre o anular la soberanía”.
Y corno sabía que lo expresado no se puede lograr sin instrucción y educación del pueblo, reclama en un artículo la necesidad de fundar bibliotecas públicas para contribuir a esa necesidad. Eran los tiempos de Sarmiento, que desde su gobierno alentaba la apertura de esos establecimientos y de las escuelas primarias; tan necesarias entonces como hoy en toda nuestra América.
Invitaba a los vecinos y personas ilustradas y de buena voluntad a dirigirse a las agencias de “El Republicano” o a verse en la tienda contigua a la iglesia vieja con Barbará, “que es el que se encargará de lo concerniente a este propósito”.
Al ocuparse del nombramiento del Juez de Paz que había de hacer el gobierno, lo rechaza por considerar que no tenía las condiciones requeridas para el desempeño del cargo. No niega —dice— que el propuesto “sea apto para organizar y mandar un batallón, y a conducirlo a la victoria, como de ello ha dado pruebas en circunstancias difíciles; pero de ser buen instructor militarmente hablando a administrar un pueblo civilmente, hay gran diferencia”. Dice que el pueblo cuenta con elementos de civilización y “fuerza es decirlo: lo que menos necesita son hombres de espada, lo menos a propósito para gobernar ciudadanos”.
Como militar en tarea periodística, Barbará observa: “sabido es que los hombres que se dedican a la honrosa profesión de las armas, contraen ciertos hábitos de su mando absoluto, incompatible con la circunspección y tendencias conciliadoras que deben presidir los actos de los mandatarios civiles”.
Desde las columnas del primer periódico que tuvo San Fernando, su director y redactor criticá todo atentado a las personas, especialmente los que obedecian a motivos polit’ cas. “Qué vértigo —pregunta en el primer número— se ha apoderado de algunas personas, que las hace despreciar las leyes salvaguardia de nuestros derechos, para adorar en ídolos de barro a unos hombres que no tienen nada de sobrehumano ni de extraordinario… y que en vez de recomendarse se desconceptúan por las miserias de que se hallan animados?”.
En la colección de “El Republicano” que se conserva en la Biblioteca y Museo Popular Juan N. Madero, falta el número 2. En el tercer número se inicia el entonces acostumbrado folletín, insertando el titulado: “Episodios sangrientos del año 40”, del propio Barbará, autor además de “El libro alegre de Rosas y sus locuras” (miscelánea federal curiosa y divertida), “Diabluras, diversiones y anécdotas de Rosas” y “Vida y diabluras de Rosas”.
También como producto de sus conocimientos directos de la pampa y sus habitantes —como que conoció muy bien en 1848 al famoso cacique Juan Calfucurá— escribió un “Manual o vocabulario de los indios pampas”.
Las cuatro páginas del periódico sirvieron siempre a los intereses del pueblo. Se ocupó así en detalle de la situación del puerto; de la urgente necesidad de empedrar las calles, de la falta de casa para la Municipalidad, para el Juzgado de Paz, para escuelas. Elogia el estado de la plaza, las fiestas patronales y la construcción del templo, e informa entre otras cosas sobre las veredas y la cosecha de maíz; buena en el partido y en Belgrano y San Martín.[3]
El Teniente Coronel Barbará sostuvo y redactó el semanario durante 10 meses. Al cabo de ellos se vio obligado a abandonarlo, y debió hacerlo a su pesar. En el número 42, del 31 de agosto de 1873, la nota de redacción explica “la atención constante que hemos consagrado al Republicano desde que lo fundamos, sin que hayamos tenido quien nos ayudase a redactar sus secciones, nos ha hecho contraer una enfermedad que nos impide continuar escribiendo” Desde ese número, la dirección y redacción quedaron a cargo de los hermanos Pedro y Antonio Obligado que, justo es decirlo, mantuvieron el semanario en la línea que le trazara su fundador.
El militar, periodista y escritor Carlos Federico Barbará, fundador del primer periódico que tuvo San Fernando, se despide del pueblo y sus colegas de la ciudad y campaña, y promete volver al trabajo cuando pueda hacerlo. Ese momento no llegó. Falleció en nuestro pueblo el 25 de marzo de 1893.

Redactado por los hermanos Obligado, “El Republicano” apareció hasta el número 77, el 3 de mayo de 1874. La dignidad de la obra de Barbará, inspirada en principios de superación social, mantiene vigente y viva su presencia.

[1] “El Comercio” Segunda época, San Fernando – Tigre, sábado l8 de noviembre de 1972. Durante casi 40 años, Enrique Chiari, su fundador, lo dirigió y redactó, y ofreció sus columnas a colaboradores espontáneos con absoluta libertad de exposición de ideas. Aquel trabajo ha sido útil para el conocimiento de la historia local del periodismo. Lo hemos podido comprobar al repetirse partes de lo que entonces dimos a conocer. Nos alegramos por ello, como ahora al hacerlo para esta inicial publicación.
[2] Jacinto R. Yaben. Biografías Argentinas y Sudamericanas, T. II.
[3] Se trata especialmente del maíz amarillo, llamado “piamontés”, que se vendía a 35 pesos la fanega.